sábado, 6 de junio de 2009

El reconocimiento de la maldad


No es suficiente para nosotros amar al Creador y desear alcanzar la unión con Él. Debemos también odiar nuestra maldad y nuestra naturaleza, que es el deseo de auto-gratificación del cual la persona es incapaz de deshacerse por sí misma. Este reconocimiento de la maldad ocurre cuando una persona observa el estado en que se encuentra, ve toda su maldad, constantemente sufre por ello, entiende todo lo que está perdiendo, y se da cuenta que no puede eliminarla por sí misma.

Al mismo tiempo, la persona no acepta la postura en que se encuentra. Está consciente de todas las pérdidas que la maldad le ocasiona y de igual forma reconoce la verdad, es decir, el hecho de que solo no podrá encontrar las fuerzas interiores que le permitan librarse de la maldad. La razón es que este atributo fue introducido del lado del Creador, por medio de las fuerzas de la naturaleza.

Para poder salir de nuestro mundo y entrar al mundo espiritual, se necesita llenar algunas condiciones relativas a las percepciones. En primer lugar, tiene que sentir que el estado en que se encuentra es insoportable e intolerable. Llega a experimentar estas sensaciones cuando, aunque sea ligeramente, percibe lo que es la espiritualidad; cuando observa que es contraria a su propia naturaleza y que todo en lo espiritual es bueno, es placer infinito, paz, perfección y eternidad. Además, debe percatarse que es la fuerza que lo está atrayendo hacia ella.

Por el otro lado, en este mundo existe una segunda fuerza. Esta fuerza nos aleja del estado que cada vez es más y más insoportable y odioso. Cuando estas dos fuerzas alcanzan su máxima presión (es decir, la fuerza espiritual que atrae y la fuerza que aleja a la persona dentro de su estado actual) y simultáneamente comprende que no le es posible librarse de su propia maldad; cuando estas tres condiciones se cumplen, ocurre una explosión interna en la persona, y el Creador la salva.

Está al alcance de una persona el poder detestar su maldad. Si lo hace, el Creador lo va a liberar de ella. El Creador salvaguarda a las almas, y Su protección consiste en salvarlas del yugo de la maldad. Cuando una persona tiene aunque sea una frágil conexión con el Creador, es muy afortunada.

Todos los estados espirituales por los que atraviesa una persona no desaparecen. Más bien, continúan existiendo a su manera. Siempre es posible regresar a ellos, para corregirlos lo más posible, utilizarlos para seguir avanzando.

Debido a que el Creador es el Otorgante, las criaturas deben intentar desear lo mismo y viceversa, ya que al Creador le disgusta ser el que recibe. Él es originalmente perfecto y no necesita nada. Así es que, las criaturas también deben aborrecer recibir para ellas mismas. Su aversión a la maldad debe orientarse a una meta, ya que todo lo negativo proviene de ella. La única forma de corregir la maldad y ponerse bajo el gobierno de la santidad del Creador es con la ayuda de la aversión.

Si alguien experimenta un estado de insatisfacción, indiferencia, y siente que algo anda mal, quiere decir que ya se está conectando con el siguiente nivel, pero aún no lo corrige. Cualquier estado empieza con oscuridad. El día de 24 horas empieza al atardecer. Se empieza con Kelim o deseos de recibir y después los corregimos para recibir la Luz en ellos. Así es que, con cada nueva percepción de “maldad”, la persona debe sentirse feliz pues el siguiente paso será la recepción de la Luz. El avanzar nunca ocurre sin estos elementos. Lo único que permite al individuo alcanzar la línea de en medio es la presencia de dos estados contrarios.

En el libro “Pri Jajam”, Baal HaSulam define este movimiento como “Neshamá” (respiro). ¿Cómo respiramos? Primero, se preparan los pulmones al vaciarlos. Luego una cierta cantidad de aire penetra dentro de ellos. Siempre en cualquier situación, primero debe haber una carencia que posteriormente pueda llenarse.

No existe una sola criatura en el mundo que no tenga la chispa Divina. Los estados inanimado, vegetativo y animal no experimentan cambios de ánimo. Cada persona tiene que alcanzar la unión con el Creador. Este largo camino empezó hace miles de años y todas las almas continúan por esta senda durante sus muchas encarnaciones, conforme al Pensamiento de la Creación ya predeterminado. Dentro de esta computadora gigante que es la Creación, nada sucede sin una causa que lo preceda. Todo está interconectado entre sí mediante hilos invisibles. Se trata de un organismo vivo enorme, y la mínima transformación en alguna de sus partes provoca que todo cambie.

Todos deben llegar a la Meta Final de la Creación, o la corrección final. Junto con el individuo, los niveles animal, vegetativo e inanimado también llegarán a este plano. Existe un tiempo para cada persona, así como una condición y un lugar donde debe estar. Es precisamente el estar en ese lugar, sin entender por qué se sitúa ahí, tomando ciertas decisiones y acciones, que ella se acerca más a la Meta de la Creación de una manera natural. ¿Por qué algunas personas llegan a la Cabalá? Es muy sencillo. Porque ya han tenido suficientes experiencias en su vida y sufrimientos para poder comprender y preguntar: ¿Quién soy yo y cuál es el sentido de mi vida?

Este tipo de preguntas no provienen de alguien que ha llevado una vida normal. Nadie se pregunta por qué se siente bien, pues piensa que se lo merece. Sin embargo, cuando uno sufre, no entiende por qué le ha tocado esa suerte en la vida y constantemente se cuestiona. Pero, lo que necesitamos no es que el sufrimiento nos empuje, sino tratar de impulsarnos hacia el Creador.

No hay diferencia entre el sufrimiento en nuestro mundo y el sufrimiento espiritual. Se trata de métodos mediante los cuales el Creador nos gobierna. Si alguien es capaz de transformar su sufrimiento corporal en espiritual, corrige parte de sus Kelim (vasijas) y esa parte se torna equivalente al Creador. De esta manera acelera el avance en su camino. Sin embargo, si no le es posible hacerlo, avanzará (en relación a la corrección) por la vía y velocidad naturales.

La enfermedad que aflige a un cabalista, lo hace sufrir físicamente. Pero como el cuerpo no puede entrar en la espiritualidad, sólo las percepciones internas pueden volverse espirituales y corregirse, lo cual despierta a la persona. Mientras tanto, el cuerpo continúa sufriendo. Cuando un individuo constantemente asciende con su alma, su cuerpo va descendiendo más y más.

¿Dónde está la correlación? No existe. El cuerpo no puede ser espiritual. La espiritualidad es la elevación interior del alma y no se relaciona con la parte externa de nuestro cuerpo biológico que tiene que morir y ser enterrado en la tierra. Esa es su corrección. Sin embargo, uno recibe un nuevo cuerpo de la misma manera que si se cambiara de camisa.

Un alma como la de Rabí Shimon, el Arí, y Ashlag, ya ha sido corregida, y baja a este mundo para corregirlo. Sufre porque absorbe el sufrimiento del mundo entero, pero no necesita venir por su propio bien. Las almas se fusionan, se mezclan entre ellas, para poder ayudar al resto.

Tenemos que aceptar el sufrimiento corporal como una llamada hacia la espiritualidad y una conexión con el Creador. Si una persona escucha este llamado, entonces su sufrimiento atraviesa por la corrección y disminuye. Una persona que entra en la espiritualidad mira todo lo que el Creador le permite ver. Sin embargo, el cabalista quiere mirar aquello que lo ayude a avanzar. Todo lo demás no tiene importancia para él. De otra manera no es espiritualidad. Percibe cada nuevo estado como un trampolín para elevarse más. Así es que de cada nivel en que se encuentre, toma lo más positivo y necesario para pasar al siguiente nivel.

La “Introducción al Talmud Esser Sefirot” habla de cuatro niveles: Maljut, Zeir Anpin, Biná y Jojmá. Son los niveles para alcanzar al Creador (Keter). Cuando un individuo logra llegar hasta el Creador, Él le muestra todo lo que le hizo en el transcurso de toda su historia al descender su alma a este mundo. El individuo ve cómo el Creador lo trató en cada etapa, cómo desapareció la Luz y el sufrimiento que tuvo que soportar, y recibe la respuesta de por qué tuvo que ocurrir así.

Sólo entonces puede comprender que el Creador siempre lo ha tratado bien y sin artificios. El individuo lo había percibido todo como malo debido a que sus órganos de percepción no estaban corregidos y le hicieron sentir el trato bondadoso del Creador en forma negativa. Todo lo que la persona ve ahora le inspira un sentimiento de amor para el Creador. Por lo tanto, debe discernir todo lo que le ha sucedido con sus Kelim ya corregidos.

Durante la siguiente y fase final, el Creador le muestra a la persona Su relación con todas las almas en el curso de todas las generaciones y descensos en el mundo. Aquí uno ve cuán benevolente ha sido el Creador y cómo continúa siéndolo con todas Sus criaturas. El resultado de esta observación es un amor eterno e infinito hacia el Creador. Lo único que un individuo no puede percibir es la forma en que cada quien llegará al Creador. Es decir, si cada uno lo logrará por sus propios medios (naturales) o con la ayuda del Creador, así como el momento en que lo hará.

La cantidad y calidad correcta del deseo se ha implantado en la persona desde el principio. Sólo se necesita aprender a usarla con las intenciones correctas, ya sea haciendo uso de todos los deseos para satisfacción propia y obteniendo el máximo placer con el mínimo esfuerzo, o queriendo complacer al Creador con el mayor placer recibido.

Una persona por sí misma es incapaz de cambiar su intención. Sólo el Creador mismo puede hacerlo. Si al servirme de todos los deseos la intención “para mí mismo” provoca el odio hacia mi egoísmo, significa que he llegado al reconocimiento de la maldad que existe dentro de mí. La respuesta del Creador a este estado es transformar mi intención a “por el bien del Creador”.

El paso de “Lo Lishmá” a “Lishmá” significa que se ha cruzado la barrera (Majsom) entre nuestro mundo y el espiritual. A este estado se llama “nacimiento”, “adquisición de una pantalla”, o “cruzar el Yam Sof” que separa a Egipto de Eretz Israel. Sólo de una fuente se puede adquirir la espiritualidad, del Creador.

La entrada a la espiritualidad sólo cambia la intención. El deseo de recibir no disminuye, sino que va en aumento en cada nivel espiritual. Sin embargo, ¿no hemos dicho antes que todo ha sido creado y no hay nada nuevo? ¡Esto es verdad! Sencillamente, antes de ingresar a la espiritualidad se me había mostrado una pieza insignificante de mis deseos. Ahora, en cada nivel espiritual, se me van revelando más y más deseos. Cada vez, nuevos y mayores deseos egoístas aparecen frente a mí en la medida en que voy siendo capaz de corregir mi intención dentro de ellos.

Si una persona percibe su propio mal, puede estar orgulloso de ello. Después de todo, quiere decir que ha llegado a merecer la revelación de su maldad.

Cuando uno se encuentra en un buen estado, se tiene que preparar para el mal estado que viene. En el transcurso del estado malo, lo importante es la intención o la percepción interior de una persona. Se debe conectar a la meta final de lo que está sucediendo, al resultado último o a Aquel que lo puso en este estado y al propósito por el que se le dio. Debemos tener en cuenta que el egoísmo es igual al Creador en tamaño, y que es opuesto a Él. En cada nivel, el egoísmo se torna más agresivo.

No se puede hablar con otra persona de los estados de tu corazón. Esto está prohibido, ya que la persona a la que le platicas se encuentra en un estado parecido al tuyo y no te puede ayudar. Sólo le vas a agregar tu estado imperfecto. Puedes hablar con el Rav o el maestro, pero es mejor hablar con el Creador.

Para poder entrar a la espiritualidad, se debe ejercitar el control de todos los pensamientos en este mundo, darse cuenta de su maldad y que por su causa no podemos entrar en la espiritualidad. Debemos sufrir al ver cuán contraria es nuestra esencia a la esencia del Creador y odiar dicha oposición con todas las fuerzas. En este momento se nos va a revelar la espiritualidad.

Darse cuenta de la propia maldad no es simplemente sentir mal humor por la ausencia de algo en determinado momento. Estar conscientes de la maldad quiere decir percibir al Creador, y junto a Él, darnos cuenta de lo opuesta que es nuestra naturaleza; del cien por ciento de nuestro egoísmo comparado con el cien por ciento de otorgamiento del Creador; percibir completamente lo insoportable que resulta este estado, así como el deseo de corregirlo.

Del Majsom en adelante, durante el ascenso a lo largo de los niveles espirituales, se percibe ya al Creador. En cada nivel la persona debe corregir su relación con Él, o su intención. En ese plano se trabaja en la toma de conciencia de la maldad o Klipot en comparación con la Luz, así como corregir los “Kelim de Cabalá” a “Kelim de Ashpaá”.

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