sábado, 6 de junio de 2009

Justificando los actos del Creador


En la Cabalá, al individuo se le nombra conforme a su deseo de recibir. Por ejemplo, si alguien quiere alcanzar al Creador, sentirlo, vincularse a Él, se le llama “Israel”. Es así aunque esté empezando su camino, no haya percibido al Creador, y no tenga ni la menor idea hacia donde va o los logros que puede alcanzar. Sin embargo, el deseo de una persona lo determina todo. Por lo tanto, a aquel que hace la voluntad del Creador, se le dice cabalista; al cabalista que logra un cierto grado espiritual se le llama “El que alcanza” (Baal Asagá).

El individuo se da cuenta gradualmente que no hay nadie aparte del Creador. La esposa, los hijos, los parientes, el trabajo, y los amigos – todos no son sino el Creador, detrás de todas estas formas. La revelación del Creador a un ser humano se le dice “Alcance” (Asagá).

A medida que la persona vaya penetrando en esta comprensión, irá creciendo el grado de su Alcance, hasta la última revelación de que absolutamente todo a su alrededor no es nada sino el Creador. Y más profunda será la revelación cuando vea que todos sus deseos interiores, pensamientos, sensaciones e impulsos son también el Creador. ¿Así es que dónde está el ser humano? Cuando el individuo llega al fin, a la conclusión de que no hay nadie aparte del Creador y lo siente en su interior se le llama ser humano. Esta sensación, en particular, es lo que lo constituye en un ser humano. A la revelación de esta sensación se le dice “adhesión al Creador”.

¿Cuál es la diferencia entre comprensión y sensación? El hombre es creado como un ser sensitivo: sentimos, no pensamos. Nuestra mente se desarrolla de manera que pueda captar y entender lo que sentimos. Por ejemplo observa a un niño. Sus deseos son pequeños y también el grado de desarrollo de su mente. Lo mismo pasa con una persona que vive en la selva: utiliza la mente conforme lo que necesita para obtener lo deseado.

Entre mayores son los deseos del hombre, más astuto se vuelve, ya que debe determinar cómo obtener lo que quiere. La mente es el fruto del desarrollo de nuestros deseos. Para realizarlos se nos ocurren toda clase de cosas. Un deseo intenso es la llave para desarrollar la mente. No deberíamos preocuparnos por mejorar la mente: más bien deberíamos incrementar los deseos. Un estudiante de Cabalá no tiene que ser inteligente, lo único que necesita es desear y sentir lo deseado. No se puede ver el mundo espiritual con la mente, sólo se puede sentir con el alma.

Una persona tiene que hacer suyo el sufrimiento del mundo entero, tiene que tener conciencia del dolor, sumergirse en él, para que más tarde pueda recibir la Luz destinada al mundo entero en su Kelim corregidos. Cuando nos enteramos de la congoja de alguien más, no debemos preocuparnos por padecerla, D’s no lo permita. Más bien debemos en todo momento lamentar que esas personas aún no hayan comprendido que el sufrimiento es una revelación del Creador, debido a que sus Kelim aún no han sido corregidos. La gente malinterpreta el gobierno del Creador sobre sus criaturas.

¿Tenemos que justificar al Creador cuando nos sentimos mal? A la Cabalá se le llama La ciencia de la verdad. Esto quiere decir, que quien estudie Cabalá, tendrá una sensación de la verdad más aguda. No puede engañarse a sí mismo frente al Creador. Descubre que la verdad es lo que siente en su corazón.

El hecho que una persona se sienta mal es señal que culpa al Creador por ello. Sentirse bien es en esencia gratitud al Creador. Nos comunicamos con el Creador con nuestro corazón, las palabras son inútiles. Por eso es que para poder justificar al Creador, me tengo que sentir bien todo el tiempo.

Cuando escuchamos que el asesinato, la guerra, la violencia y el terrorismo afligen al mundo, tenemos que trabajar para poder percibir que es lo mejor que puede pasar en nuestro mundo; ya que estas situaciones sólo le parecen nefastas a las almas no corregidas. Así es que, no tenemos otra elección más que la de elevarnos espiritualmente, corregir nuestros Kelim para poder percibir como buenas todas las desgracias que escuchamos o presenciamos. Sólo una cosa tiene que preocuparnos: la corrección de nuestros Kelim y ascender al nivel de donde emana el placer espiritual. Desde ahí podremos contemplar cuán bueno es para nosotros y para el mundo en general.

Una persona que sube la escalera al primer mundo espiritual, el mundo de Assiyá, llamado a su vez “maldad total”, todavía percibe los sucesos como funestos. Por lo tanto, se dice que es “un trasgresor”. Después, al entrar al mundo de Yetzirá, al que se le llama “mitad malo y mitad bueno”, ve los eventos algunas veces como buenos y algunas como malos, como si existiera entre los dos, y no supiera cómo evaluarlos.

El mundo de Beriá recibe el nombre de “casi bueno”: una persona que va corrigiendo sus Kelim se eleva al mundo de Beriá y va sintiendo cada vez más que el Creador desea el bien. Al que existe en el mundo de Beriá se le llama “no totalmente justo”. Y cuando alguien se eleva al mundo de Atzilut, que es “completamente bueno”, ve solamente el bien sin el mínimo indicio de maldad. Es por eso que una persona que ha llegado al mundo de Atzilut es “justa”. El sistema está hecho de tal forma que el sufrimiento obliga al individuo a elevarse más y más.

En cualquier estado que nos encontremos nuestras sensaciones son nuestra actitud hacia el Creador. Hasta que una persona alcance los grados más altos, su actitud hacia el Creador no puede ser enteramente buena. Es incapaz de justificar plenamente al Creador. Esto solamente ocurre en el mundo de Atzilut.

Por un lado, el individuo no debe permanecer en un mal estado, debe intentar salir de él. Por el otro, tiene que analizarlo e intentar pasar a uno mejor. Sin embargo, el problema es que uno no puede evaluar la situación en que se encuentra. Únicamente cuando se alcanza el siguiente grado, y se tiene la certeza que ya se encuentra en otro estado, se puede controlar y analizar la situación anterior.

Por ejemplo, un niño de diez años que se ha enojado con sus padres porque no le compraron una bicicleta, no puede evaluar su estado correctamente. ¿Puede entender otra cosa que no sea su propio resentimiento? Pero después, siendo adulto puede evaluar correctamente lo sucedido años atrás. Lo más importante es tratar de salir del estado en que uno culpa al Creador y entrar a un estado mejor, diferente.

Ya hemos dicho que el Creador creó al mundo para deleitar a sus criaturas. Lo anterior no quiere decir que el Creador quiere ahora complacernos por los sufrimientos pasados. El Creador no calcula y actúa de esta manera, sin importar el sufrimiento que haya tenido que padecer antes una persona. El sufrimiento nunca nos acerca al bien. La humanidad podrá sufrir por miles de años, la magnitud del sufrimiento sólo nos despierta para la corrección; el sufrimiento por sí mismo nunca corrige.

Así dice en el “Prefacio al Libro del Zohar”: “…Y es aquí donde debemos ubicar nuestra mente y corazón, porque es el último objetivo del acto de la creación del mundo. Y debemos tener presente que, puesto que el pensamiento de la Creación es otorgar a sus criaturas, tuvo que crear en las almas un gran deseo de recibir todo aquello que Él pensó dar. La medida de cada placer y deleite depende de la medida del deseo de recibirlo: entre más grande sea el deseo de recibir, mayor será el placer, y entre más pequeño el deseo, menor será el placer al recibirlo.

Así pues el Pensamiento de la Creación misma, determina la creación de un excesivo deseo de recibir, que se ajuste al inmenso placer que el Altísimo pensó en otorgar a las almas, pues el gran placer y el gran deseo deben ir de la mano”.

Si tengo poco apetito, el deleite que me proporcione la comida será igualmente pequeño. Pero si estoy muy hambriento, la comida me dará un inmenso placer. Por esta razón, el Creador, cuyo anhelo es darnos un intenso placer, creó para nosotros de conformidad con este deleite, un deseo de recibir igualmente fuerte. Pero, por el otro lado, sufrimos en gran medida, al desear apasionadamente sin tener la menor oportunidad de llenar nuestras necesidades.

¿Cómo podemos incrementar nuestro deseo por la espiritualidad? Es una pregunta muy difícil. Hasta que crucemos el Majsom no podremos percibirla. Sólo llegan a deleitarnos los placeres mundanos. Es por eso que cuando empiezo a advertirlo, me doy cuenta que todo es maldad. Me siento muy mal. Además, la distancia entre Él y yo crece. Acostumbraba a pensar que no era tan corrupto, ¿quiere decir que estaba más cerca del Creador? ¿Y ahora que me siento mal, el Creador me está rechazando? ¡Todo lo contrario! ¡El Creador me está atrayendo!

Nuestro progreso se va dando cuando nos sentimos mal. Mientras somos egoístas y nuestros Kelim aún no están corregidos, eventos en apariencia desagradables nos dirigen hacia el camino correcto más rápido de lo que lo haría algo placentero y bueno, ya que por regla general estas cosas nos corrompen.

Sufrir por el egoísmo quiere decir que se le odia, dándonos cuenta que éste existe dentro nosotros. Esa comprensión nos hace rechazar el objeto del sufrimiento (el egoísmo), poniéndonos de buen humor y anhelando estar cerca del Creador.

El individuo comprende que no puede resistir la tentación; aunque la conozca de antemano, de cualquier manera sale a su encuentro. Ya sea, viendo que viene por su camino, no hace nada para evitarla, sino que se queda quieto y espera. Todo esto se le atribuye a la corrección. Somos incapaces de hacer algo por nosotros mismos. Lo único que podemos hacer es ir aprendiendo de nuestros errores, cada equivocación que cometemos en cada fase de nuestro camino. Algunas veces le parece que puede salir adelante en alguna situación en la vida, sin embargo, instantes después le queda claro que no puede ni siquiera levantar un dedo.

La trasgresión, el pecado no existen. Una persona debe pasar a través de estos estados para darse cuenta de su naturaleza que fue determinada por el Creador, y sienta la necesidad de corregirse. Si esta es la actitud que mantiene hacia todos los eventos en su vida, esta tomando pasos hacia la corrección.

Vean, por ejemplo, la caída de Adam. El Creador creó un alma con una pantalla contra el egoísmo. Después, Él llenó el alma con un placer que excedía el poder de la pantalla. Naturalmente, el alma no fue capaz de resistir el placer, lo tomó, y cometió el “pecado”, que es la recepción para uno mismo.

El alma consiste en diez Sefirot, divididas en unas internas y otras externas. A la parte corregida se le dice “interior”; a la parte que aún no se ha corregido se le nombra “exterior”. La Luz que llena la parte interna del alma nos da la sensación del “yo”. La parte externa sin corregir nos da una sensación del mundo que nos rodea. De ahí la apariencia ilusoria de que algo existe a nuestro alrededor. En realidad, cualquier cosa que me circunda se encuentra dentro de mí. La realidad ilusoria en torno a nosotros la crea nuestros Kelim no corregidos, y aquel que entra a la espiritualidad empieza a apreciarlo de inmediato.

¿Cuándo desarrollamos una necesidad por el Creador? Esta necesidad por el Creador la desarrollamos cuando Él mismo nos manda toda clase de sufrimientos, y nos hace ver simultáneamente que Él está detrás de todos ellos. Ahí es cuando nos volvemos al Creador para pedirle ayuda. En nuestro estado, todo el sufrimiento se concentra en un punto en el corazón, en donde sentimos oscuridad. El contacto con el Creador empieza precisamente en este punto negro.

Hasta que la persona cruza el Majsom, siempre tendrá preguntas. Desde luego, aunque estas preguntas las haga siempre la misma persona, tendrá nuevos Kelim y un nuevo discernimiento. Nada se revierte, todo se mueve solamente hacia adelante. El individuo tiene que pasar por todos estos estados, experimentar.

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