domingo, 28 de junio de 2009

Nacimiento del alma


Esta transformación es llamada "el nacimiento" del alma por que el alma corresponde a los deseos vueltos hacia el Creador. Cuando esta fase toma lugar revela el alma del hombre. Es la intensidad de este nuevo deseo, ayudar al hombre a sentir al Creador. Este deseo de recibir placer acoplado con la intención "vuelta hacia el Creador", lo llena a sí mismo con Su presencia, Dicha Espiritual y Luz (todos estos son sinónimos de la misma sensación.) Las intenciones correctas aparecen progresivamente a lo largo del tiempo con el estudio de la Cabalá. Esta es la ciencia del intento (Kavannah), habilitando el corazón del hombre a anhelar espiritualidad. Si el hombre estudia Cabalá pero no puede experimentar un cambio altruista a su intención mientras está estudiando, se dice que está en el período "lo li chema" durante el cual no hay orientación hacia el Creador. En esta etapa el hombre aún trabaja para sí mismo y pertenece a sus deseos egoístas, a nuestro mundo. Este es el nivel que precede a cruzar el majsom (barrera)

Si el hombre no se preocupa por la transformación de su intención, no está en el nivel "lo li chema". Los gestos que él hace no tienen vida, no obstante, todos los seres deben eventualmente retornar al Creador. El cambio en la perspectiva también tomará lugar para aquellos que observen mecánicamente. Serán obligados a clarificar su relación a la vida, a su fuente, al Creador y moverse de "lo li chema" a "li chema". En cualquier caso, los gestos físicos son justificados pero el hombre debe esforzarse para sobreponerse a sus límites. Esto es lo que hace a los cabalistas diferentes.

El Mesías: ¿Una fuerza o un hombre?

El Mesías es una fuerza espiritual, es la Luz que penetra los deseos para sí mismo del hombre, para corregirlos de tal forma que se conviertan en altruistas, es decir, idénticos a los del Creador. En nuestro mundo todas las fuerzas espirituales son manifestadas en vestiduras materiales.

Por ejemplo el rabino Simón, el Ari, Yehuda Ashlag, representan la fuerza espiritual radiando la Luz de la corrección. Esta fuerza aparece en nuestro mundo como un hombre, un cabalista, un profesor, el autor de un libro. Por lo tanto el Mesías es un guía que es aceptado por la humanidad de forma progresiva. La humanidad seguirá el camino señalado por el Mesías porque maldad y sufrimiento serán sentidos por todos y no habrá otra salida. La gente se encuentra en un nivel donde no pueden imaginar la venida del Mesías como una Luz sino sólo como una escalera humana; sin embargo, para los cabalistas el Mesías es la fuerza espiritual de corrección (en la imagen del mundo de A'B-SA"G).

División de deseos

Los 613 deseos del alma están divididos en 248 deseos positivos, a través de los cuales el hombre puede alcanzar una intención "li chema" y 365 deseos negativos que el hombre no puede usar en orden de ganar una intención "li chema." La diferencia entre los dos deseos no tiene nada que ver con la intención. En ambos casos la intención es natural y exclusivamente "vuelta hacia el Creador." La diferencia radica en el poder del deseo en sí mismo: si el deseo es débil este no despertará intenso placer.

No obstante, este deseo lo habilita a uno a sentir la unión con el Creador. El placer sentido es llamado el placer de dar sin restricción, es decir, el deseo de satisfacer al Creador porque sólo es posible satisfacerlo al recibir de Él. Pero debido a que este deseo no puede ser sentido con suficiente intensidad, él no puede dar verdaderamente al Creador. Este deseo existe solamente en nivel de equivalencia de forma con el Creador.

Todos los deseos nacidos en el hombre son deseos egoístas. Esto significa el deseo de recibir sólo para nuestro propio placer. Únicamente la intención "vuelta hacia el Creador" transformará este en un deseo altruista, por lo tanto, la diferencia radica solamente en el propósito. Eso es lo que hace a la Cabalá muy importante, porque nos ayuda a transformar nuestra intención.

La intención "vuelta hacia el Creador" es llamada "pantalla" porque ésta previene de "recibir para uno mismo" y genera que la intención sea "vuelta hacia el Creador."

Tiempos modernos

Hoy en día, debido a que las almas espirituales "maduras" descienden a nuestro mundo, la educación arriba mencionada se vuelve insuficiente. El hombre necesita dejar que su intención sea modificada para igualar sus deseos. La Cabalá habilita al hombre a cambiar sus intenciones egoístas por altruistas. Usando una pantalla (masaj) uno empieza a trabajar en sus deseos dirigidos a sí mismo con la intención de dirigirlos hacia el Creador.

El proceso de corregir el egoísmo es llamado "la observación espiritual de los mandamientos". El hombre es dotado con deseos para que él pueda desarrollar su intención de usarlos "Vueltos hacia el Creador." Esos deseos no eran de él desde mucho antes porque no tenía la capacidad de crear una pantalla (masaj) Esos deseos son nuevos; ellos son de naturaleza espiritual lo que significa que corresponden al deseo de regocijo en la divina presencia, son cultivados en un hombre capaz de construir una pantalla contra los deseos egoístas para regocijarse en el Creador son llamados "Klipot" o "deseos impuros." En esta etapa el hombre se ha sobrepuesto a los deseos mundanos como el sexo, riqueza, fama, poder, y ahora ansía más placeres espirituales.

Existen 613 deseos impuros. Estos nacen en el hombre y van del más fácil al más difícil de corregir. Cuando el hombre adquiere una pantalla en contra de sólo recibir para sí mismo (Klipá), se recibe una intención "vuelta hacia el Creador" (kedusha.) Los deseos corregidos de uno pueden entonces recibir la "Luz" espiritual, sentir el Creador y nos llevan a la alegría de tener equivalencia de forma con el Creador.

La corrección de deseos corresponde a lo que es llamada “observancia de los mandamientos”. La Luz espiritual recibida es la percepción del Creador que corresponde a la Torá. Está claro que la observación física de los mandamientos difiere de la espiritual, no obstante, la observación interior espiritual no previene o cancela a la física, esto es precisamente debido a que quien observa los mandamientos vive en ambos mundos y puede reconciliar dentro de uno mismo los dos modos de observación.

De lo anterior resulta que la observancia física de un código de leyes no afecta los mundos espirituales, esto es a lo que se refiere la oración " un mandamiento sin intento es como un cuerpo sin alma" (espiritualmente muerto). Un mandamiento no puede ser inspirado por una intención "li chema" cuando sus gestos correspondientes no se refieren a la observancia espiritual. Un hombre puede estar sin manos y aun así observar todos los mandamientos espirituales que requieren "manos espirituales", por ejemplo, los deseos espirituales.

Nuestra alma es referida como un cuerpo, "partzuf", está compuesta de 613 partes, los atributos de nuestro cuerpo biológico. Cada una de las 613 partes de este "cuerpo" espiritual, este partzuf, corresponde a un deseo específico. El partzuf se divide a sí mismo en dos partes, dos tipos de deseos: los deseos que corresponden a dar sin restricción (lehashpia al menat lehashpia) y los que corresponden al deseo de recibir sin restricción, pero no por nuestra propia satisfacción (lekabel al menat lehashpia)

Mandamientos con intención

Yo no me hago entender a mí mismo y ese es mi problema. Cuando uno hace énfasis en el desarrollo espiritual e interior, la observación mecánica no se echa a andar, simplemente no es evocada. La atención es puesta en la intención detrás del mandamiento, no en su observación física. Una tercera parte puede concluir que la observación física es ignorada. Se dice que: " Un mandamiento sin intención es como un cuerpo sin alma" (mitsvah bli kavanah keguf bli Neshamáh). La diferencia entre los cabalistas y creyentes, no creyentes, judíos, gentiles, radica en el hecho de que los cabalistas quieren desarrollar la intención localizada dentro de los gestos, no contemplan los gestos como tales. La forma de observar los mandamientos concierne a la Torá revelada (convencional)

Está descrito en el Código de Ley Judío ( "Shoulchan Aroukh".) que las leyes descritas en éste código deben ser seguidas por todos, son fácilmente entendibles y no requieren de ningún prerrequisito.

La intención localizada en el cumplimiento de los preceptos no tiene importancia y los mandamientos no transforman al hombre o lo obligan al crecimiento espiritual. Esos mandamientos pueden ser cumplidos repetidamente por un individuo sin modificar a la persona egoísta que era cuando se transformó en observante de ellos.

Usualmente la observancia de la ley es cuestión de educación. A uno no se le pregunta si la quiere observar o escoger el ser libre de actuar de cierta forma. Uno es educado desde la cuna y nuestro comportamiento esta condicionado por hábitos, esos hábitos son llamados "guirsa de yankuta". Promesas de todas las bendiciones de este mundo y del mundo por venir refuerzan esos hábitos. Como en hombre es egoísta, disfruta y acepta esas promesas, además muchas situaciones son resueltas por él, mucho mejor que las de gente ordinaria que no sigue los mandamientos.

¿Cómo llegamos a este mundo?

El Creador remueve de sí mismo una pequeña parte (por decir) e implanta en ella egoísmo. Este egoísmo " universal" entonces se rompe en más pequeñas partes egoístas. Más tarde, una reintegración progresiva de esas partes causa la creación de los Mundos Superiores, Atzilut, Briá, Yetzirá, Assiah. Los más puros "fragmentos" son usados para la creación de los mundos espirituales más altos. Luego, los deseos más egoístas, precisamente el corazón de la creación, el Maljut del mundo sin fin lleva a la creación del alma de Adán, el primer hombre. Entonces, después del pecado de Adán, de nuevo la chispa de Divinidad, atrapada en el egoísmo se subdivide a sí misma de nuevo en pequeños y más pequeños fragmentos que forman nuestras almas.

Los principiantes que estudian Cabalá frecuentemente no perciben cómo está gobernado el mundo. Se preguntan si las acciones dependen de su elección o del Creador. Antes de que el hombre pueda iniciar un proyecto debe estar convencido de que sus acciones tienen consecuencias. Aún después de tener éxito, "paradójicamente", debe entender que todo depende solamente del Creador. Si pensamos de esa forma, progresaremos de forma correcta.

Hay cosas, que sólo se pueden sentir, no se pueden explicar. La encarnación de lo espiritual en lo material es difícil de describirse en palabras. La ciencia moderna puede justificarse a sí misma, pero, ¿cómo puede ser explicado el proceso por el cual un mundo toma la forma de otro? Las explicaciones cabalísticas sólo pueden ser posibles hasta el punto donde el alma de Adán es fragmentada. Esto no es debido a que los cabalistas no quieran aportar más explicaciones, sino porque la explicación corresponde a lo que el hombre siente y no puede explicar.

El egoísmo es una fuerza espiritual tan poderosa que el pensamiento de deshacerse de él difícilmente cruza nuestra mente. En orden de conocernos a nosotros mismos necesitamos vernos desde afuera, para sentir algo diferente que no sea nosotros mismos, para compararnos a con algo fuera de nosotros. Los objetos que nos rodean son percibidos porque están hechos del mismo egoísmo, de lo contrario permanecerían invisibles. El egoísmo toma muchas formas, la más restringida es en la que sólo se percibe a sí mismo, es la percepción que el hombre tiene en nuestro mundo, somos tan egoístas que solamente nos podemos percibir a nosotros mismos.

Cuando "crecemos" un poco, nuestro egoísmo llega mas allá de los límites de nuestro mundo y empezamos a percibir al Creador, este se vuelve espiritual, nuestro deseo no se basa más en el placer físico y mundano sino en el disfrute espiritual traído por la Luz del Creador.

El hombre es animado sólo por los deseos conscientes e inconscientes, nuestra razón nos ha sido otorgada para ayudarnos a tener sentido y alcanzar todos nuestros deseos; por consiguiente, el hombre no puede elevarse más arriba de sus deseos. Motivado por sus deseos y emociones, el hombre primero dirige el curso de sus acciones y se transforma conciente de ellas teológicamente (por la finalidad de éstas), sólo después de elegirlas.

¿Cómo se vuelve en verdad consciente de un evento que sucede? En reacción a las acciones del hombre el Creador manifiesta por grados Su majestuosidad, en orden de dar al hombre una mayor conciencia retrospectiva de las consecuencias de sus acciones. Aún el recordar nuestra forma de actuar depende del Creador, Él nos enseña el significado de nuestras acciones respondiéndonos, dándonos placer o sufrimiento, de acuerdo a nuestro mérito o culpa.

Nuestra educación es, por lo tanto, un proceso que se desarrolla cada segundo, pero no puede hacer que nos corrijamos a nosotros mismos en ninguna forma. Sólo debemos estar conscientes de nuestro egoísmo y de cómo nos encontramos sin ayuda cuando lo confrontamos, el Creador busca todo lo que no es parte de esta conciencia. A medida que el hombre avance en el camino espiritual, logrará moderar más su propia autoestima y entenderá más su verdadera naturaleza. En la proporción que el Creador se revele a sí mismo, el hombre gradualmente se dará cuenta de lo que es en realidad con respecto al Creador. Cuando sabemos esto progresamos en el camino espiritual.

Imaginemos a una persona que ha alcanzado el 99% de su corrección. El remanente 1% que no ha sido corregido parece mucho mayor que el previo 99%, la "pequeña paja en el ojo" parece enorme. Nuestras acciones y nuestro estudio nos habilita a estar conscientes del Creador y de nosotros mismos. Cuando el hombre se da cuenta de su absoluta insignificancia se desespera, no ve al Creador y el mundo entero le parece oscuro. Si mientras se encuentra en este estado oscuro, un hombre tiene en mente que la fuente espiritual de todo no es más que el Creador a quien él puede pedir cosas y sobre quién todas las cosas dependen, él estará conciente de su lazo espiritual con el Creador, entonces dejará de desesperarse, entenderá que esas aparentes condiciones negativas son enviadas en forma temporal de arriba y que son inevitables.

La forma que nos conectamos nosotros mismos con el Creador no le interesa a Él. Lo más importante para el hombre es entender que Él existe. El Creador envía los deseos para que podamos reaccionar a Él y crecer espiritualmente.

sábado, 27 de junio de 2009

Preceptos y espiritualidad


Los individuos necesitan observar mitzvot de acuerdo a su naturaleza. No obstante, esto no depende de su deseo de estar cerca del Creador; muchos creyentes y no creyentes nunca se preguntan a sí mismos acerca del Creador, el propósito de la Creación, delas correcciones y así sucesivamente. Estos hombres simplemente no han recibido de arriba el deseo de transformarse a sí mismos y cumplen mecánicamente lo que la tradición les ha enseñado. Son esos gestos mecánicos los que diferencian al hombre, naciones, marido y esposa, niños y adultos. Claramente un hombre que desea elevarse a sí mismo espiritualmente ha recibido esta aspiración del Creador. El, por lo tanto, será diferente de otro hombre que no ha recibido la misma aspiración de arriba. Por lo tanto, el hombre no debe ser distinguido por su apariencia, raza o género. Si estudia o no la Cabalá no es el problema. Quienes la estudian son simplemente los que han recibido la llamada de arriba y expresan el deseo de estudiarla. Entre las mujeres hay también ejemplos como el de las profetisas Deborah y Hulda que también fueron cabalistas.

Los ángeles son robots que cumplen ciertas tareas en el mundo espiritual, nada más "mueven" cosas de un lugar a "otro". Ellos no pueden crecer espiritualmente o moverse a través de varios niveles espirituales como los seres humanos. Son las fuerzas espirituales actuando en cada nivel espiritual.

Grados de profecía resultan de los esfuerzos personales. En nuestro mundo sólo existe el Creador, el hombre y el camino que lleva al Creador, al cual se le llama Torá. El medio ambiente del hombre (sociedad, familia, amigos) son sólo capas que lo separan del Creador y por medio de las cuales él nos influencia. El hombre es puesto en frecuentes situaciones complejas e insoportables, algunas veces llevándolo al sufrimiento y decepciones.

Egoísmo

No hay cosa semejante al movimiento de un mundo al otro en el "espacio" espiritual. Solo hay estados interiores, que nos habilitan a percibir nuestra envoltura interna. Es el Creador lo que nosotros percibimos, pero, ésta percepción esta nublada por pantallas representando las diferentes manifestaciones de nuestro egoísmo. La percepción del Creador, creación y espacio, cuando los obstáculos son suprimidos es progresivamente revelada; pero, nosotros no nos damos cuenta de eso. Las porciones de egoísmo que removemos corresponden a los niveles de la escalera espiritual o los "mundos" que ascendemos.

Los mundos no son nada más que grados de percepción que tenemos del Creador. EL egoísmo, que separa nuestra percepción del verdadero conocimiento, puede ser encontrado solamente en el hombre. Este no sucede con el Creador porque la perfección y apertura define su relación con el hombre. La ausencia del Creador sólo es sentida por el hombre que esconde los mundos de sí mismo, como si se estuviera escondiéndose detrás de los velos de su propio egoísmo. La remoción del egoísmo no ocurre a la primera.

Al principio, el Creador concede al hombre períodos de tiempo correspondientes a vidas en este mundo como una oportunidad de elevarse a sí mismo en forma espiritual. El hombre es maestro del proceso entero. Durante cada una de sus vidas consecutivas, el hombre debe remover cierta parte de su naturaleza egoísta y acercarse más al Creador. El hombre repetirá de nuevo una vida mientras no se corrija a sí mismo. La corrección significa que sus deseos llamados "cuerpo" en Cabalá no formarán más una barrera entre él y el Creador. Cuando esto ocurre los atributos del hombre lo vincularán al Creador sin importar el mundo en el cual el hombre se encuentre a sí mismo.

El abandono de la cubierta egoísta es llamado "la muerte terrestre" guiándonos a renacer en nuestro mundo. Las partes corregidas del egoísmo del alma emergen y una clase de "redistribución" toma lugar. Esto es porque todas las almas son una sola creación y todas las envolturas o cubiertas son puro egoísmo. La corrección del alma original se hizo posible al dividir en partes la única creación, el alma de Adán. Esas partes son almas individuales y es más fácil corregir cada fragmento que corregir el entero.

Esto explica por qué las almas se mueven de un mundo a otro durante la corrección. Cuando la corrección se haya completado, todas las almas individualizadas serán de nuevo unidas dentro de un deseo primordial. El alma primordial recibirá toda la Luz del Creador revelándose Su perfección. Finalmente, sólo existe el mundo sin fin, el mundo de perfecta unión con el Creador. Fuera de ese mundo, todo lo que el hombre percibe no es nada sino fragmentos de la perfección infinita, del mundo sin fin.

Un fragmento del mundo sin fin es llamado "Adam Kadmon", el siguiente "Atzilut" luego "Briá", "Yetzirá" y "Assiah," el más pequeño fragmento del mundo sin fin que corresponde a nuestro mundo. En otras palabras, el mundo sin fin como nosotros lo vemos con nuestros sentidos se contrae hasta alcanzar el tamaño de nuestro mundo. Cuando nuestra percepción se agranda podemos llamar a este mundo, por ejemplo, el mundo de Briá y así sucesivamente. Todo depende del alcance de nuestra percepción. El sujeto de nuestros estudios es solamente el hombre. Aparte del hombre y sus sensaciones sólo existe el mundo sin fin. El Maljut del mundo sin fin debe pasar por numerosas correcciones.

Nada es creado en vano. El Baal HaSulam cita el ejemplo de un pequeño insecto en la jungla, pasando toda su vida buscando comida y cuya existencia es totalmente desconocida. Aún este insecto y todas sus partes son muy importantes para el cumplimiento de la consumación final. Nada es creado en vano por el Creador y todos los eventos ocurren en armonía con la meta que nos acercamos. Este proceso nos concierne lo querramos o no, lo entendamos o lo ignoremos por completo. Todo progresa hacia el cumplimiento de la corrección como fue planeado por el Creador, hacia su completa revelación a todas las criaturas en este mundo.

Las diferentes partes de Maljut del mundo sin fin difieren en la intensidad de sus deseos. Corresponden en nuestro mundo a las partes del reino natural (mineral, vegetal, animal, humano). De manera similar, la humanidad esta compuesta de muchos tipos de personas. Entonces, ¿por qué nosotros estudiamos al hombre tan cercanamente y no estudiamos por ejemplo la corrección espiritual que las piedras necesitan alcanzar? ¿acaso no han sido colocadas en nuestro mundo para alcanzar el propósito de la Creación?

El hombre se sitúa aparte. La corrección de la naturaleza depende de la corrección humana. Trabajando en sí mismo el hombre "anima" a la naturaleza a ayudarse para alcanzar el estado de completa corrección. No obstante, el hombre mismo no ha recibido la Torá de nuestro mundo en la misma forma: La gente del mundo ha recibido 7 mandamientos, los judíos 613. Esos mandamientos son también observados en diferentes formas dependiendo del número de correcciones que un alma debe completar cuando llega a este mundo. Haber nacido en la nación de judíos no garantiza privilegios específicos. Los judíos tienen más correcciones que cumplir con relación a los demás.

El trabajo de la Torá


El Creador es la fuente que el hombre anhela. La Torá es la Luz, que llena al hombre en el momento presente. Israel es el hombre en sí mismo, esto es, su deseo de unión con el Creador. ¿Cómo pueden esos conceptos totalmente independientes ser idénticos? La meta de la creación consiste en crear al hombre en este mundo de forma que él pueda adherirse al Creador mientras aún viven en su cuerpo físico. El hombre asciende y cruza los mundos espirituales para alcanzar al Creador. Para ser más exactos, los mundos espirituales penetran en él a tal extremo que él y el Creador se vuelven idénticos. Esto es lo que significa la unión con el Creador. Uno ama al Creador, sigue Sus caminos y observa sus mandamientos. A este nivel, todas las cualidades del hombre, deseos y atributos se han transformado idénticos a los del Creador. La Torá se da al hombre de tal forma que él pueda acceder a este perfecto y eterno nivel y llenar el propósito de la Creación. La Torá solo puede ser dada al hombre después de su descenso a este mundo donde él es dotado de un cuerpo físico y con egoísmo. Los Ángeles no pueden recibir la Torá porque entre todas las criaturas solo el hombre posee absoluto egoísmo. Si el hombre escoge el camino de la Torá, puede neutralizar su cuerpo egoísta y sus deseos de tal forma que estos no actúen como un obstáculo entre él y el Creador. El hombre y el creador se unen. Esta unión es un salto atrás al Estado de la Procreación, antes del descenso del alma a este mundo, antes de que el alma sea "incapacitada" por el egoísmo. Mas allá, corrigiendo su egoísmo el hombre puede escalar los peldaños de la escalera espiritual y alcanzar el nivel del Creador. Algunas criaturas están desprovistas de egoísmo y por lo tanto, no tienen una herramienta para progresar y se mantienen en su nivel inicial. Con excepción del hombre, todas las criaturas se dice que están "espiritualmente inanimadas y sin movimiento." Aún los Ángeles, las divinas fuerzas a través de las cuales el Creador gobierna la creación, no son independientes de la "fuerza-deseo" sino solo ejecutores de Su voluntad. El hombre al transformar sus muy desarrollados deseos egoístas puede transformarse igual al Creador.

El alma es una parte del Creador localizada en el hombre. El hombre nace con una envoltura de egoísmo y sin poder percibir ni al Creador ni lo espiritual. El egoísmo penetra sus órganos sensoriales, los cuales poseen cualidades opuestas a la espiritualidad. Cuando el hombre transforma su egoísmo en altruismo removiendo su cubierta de egoísmo, empieza a percibir la esencia de la creación en semejante forma que nada lo separa del Creador. A este nivel los tres puntos arriba mencionados se unen. Nuestra tarea es remover, con la ayuda de la Torá, todos los obstáculos entre el alma y el Creador. De todos los estudios de la Torá la Cabalá es el más eficiente porque ésta infiere en el hombre un rayo de Luz de la más alta intensidad mientras la estudia.

La plegaria

La plegaria es el trabajo del corazón. Ésta expresa los deseos que vienen del corazón. Aún el hombre no tiene poder sobre esos deseos por sí mismo. Él ha sido creado de tal manera que nunca sabe realmente qué buscar o cuáles son sus verdaderas intenciones. Por lo tanto, también la naturaleza esencial de sus plegarias es inalcanzable. Por el contrario, todo lo que es expresado en el libro de plegarias es lo que el hombre debe aprender a querer. Si el hombre trabaja en sí mismo para dirigir y controlar sus deseos y pensamientos alcanzará el nivel de deseos y ruegos de los autores del libro de plegarias, los miembros de la Gran Asamblea (quienes escribieron el libro de plegarias judío hace dos mil años durante un largo exilio.)

En la medida que una persona concuerde con sus deseos de forma armoniosa con los de los autores del libro de plegarias, algunos pasos preliminares son requeridos. Debemos entender la naturaleza de lo malo y lo que esto trae consigo. El hombre está esencialmente inclinado al egoísmo, debe entender que ésta es la fuente del mal. Debe entenderlo y sentirlo de la manera más intensa posible en la parte más profunda de su alma.

La evolución de las almas

Todo es alcanzado por comparación. Al comparar los atributos del Creador con los nuestros nos damos cuenta de Su poder y de nuestra bajeza. Uno necesita estar de ese modo al tanto de Su magnificencia y Su omnipotencia. La fe significa sentir al Creador y Su Presencia.

Todas las almas pasan a través de los siguientes estados:

1. La fase que precede su descenso a nuestro mundo.
2. La fase durante la cual son dotadas con cierta deficiencia llamada egoísmo. Esto es lo que las almas perciben como la encarnación física.
3. La fase durante la cual las almas se perciben a sí mismas y al universo espiritual completo después de la consumación final.

La fase que precede el descenso inicial del alma es llamada "Olam Ein Sof", el mundo sin fin donde las almas reciben sin límite la Luz del Creador. Después el alma es envestida con egoísmo y desciende a "Olam Ha Ze", este mundo, donde su unión al mundo espiritual es remota. Esta no siente más al Creador y no percibe más su condición previa. "Este mundo" se refiere a la percepción del momento presente, o sea la parte de creación, del Creador que percibimos por medio de nuestros órganos sensoriales. El egoísmo es colocado dentro de los sentidos.

El siguiente nivel es alcanzado al poner bajo control los órganos sensoriales. Este alto nivel lleva a una más amplia percepción de la creación. Este nivel es sentido antes del proceso de alcanzar "el mundo por venir", el mundo que percibiremos super-sensorialmente, que es lo opuesto al "real" en el que vivimos. Cuando percibimos a nuestro medio ambiente y a nosotros mismos, percibimos "su mundo". No obstante, es en el presente que empezamos a contemplar el futuro y la sensación inducida al proyectarnos al futuro es llamada "el mundo por venir." El proceso se repite a sí mismo "el siguiente día" cuando el "mundo por venir" se convierte en "este mundo" y así sucesivamente.

Un examen cercano de las escrituras de Baal HaSulam puede ayudarnos a entender el proceso por el que atravesamos a cada momento. Concerniente al comportamiento espiritual del hombre, el asenso solo puede seguir "la línea central" (por ejemplo, el comportamiento no polarizado a sus extremos.) La progresión a lo largo de esta línea central establece la condición en la cual, las Escrituras (Torá)-Creador-Israel emergen en una sola cosa.

viernes, 26 de junio de 2009

Principios fundamentales de la Cabalá


No sabemos nada sobre el Creador, excepto Su voluntad para crearnos y darnos el placer. Sobre Su mecanismo, el deseo del placer no provino de nada.

La voluntad del Creador de la creación es llamada Keter (corona), ya que rodea como una corona Su voluntad para darnos el placer. La creación de Keter puede ser imaginada como una vasija (Kli) lista para conseguir el placer, o la Luz del Creador (Or). Este punto de la creación es llamado Jojmá (sabiduría) y el placer que llena el Kli es llamado Or Jojmá (Luz de sabiduría).

Ya que el deseo del placer es el único deseo humano, el Creador nos dirige usándolo. En muchos países en los días calurosos del verano vemos a vendedores de sandía conduciendo coches o carretillas modestas y buscando compradores. ¿Por qué estos hombres trabajan tan duramente bajo el ardiente sol? El Creador les dió deseo de llevar el placer a sus familias, pero ellos también llevan el placer a los demás vendiendo la jugosa fruta. Así la Luz da a la criatura no sólo el placer en sí mismo, sino también la capacidad de dar el placer a los demás. Pero la criatura (Kli) rechaza tener esta capacidad. El placer de la negación voluntaria de recibir la Luz se llama Or Chassadim. Esta etapa del desarrollo de la criatura es llamada Biná.

Pero la vida es imposible sin la Luz (Or Jojmá). La nueva forma de la criatura (Biná) comienza a recibir una mínima porción de la Luz y de ahí es transformada en una clase nueva llamada Zeir Anpin. El posterior desarrollo de la criatura trae un deseo nuevo de disfrutar de la Luz y llega a ser un objeto nuevo: Maljut (el Reino, es decir el reino del deseo).

A continuación, se detallan las etapas siguientes de la Creación y del desarrollo de la criatura (Kli):

l. Keter: La voluntad del Creador para crear Kli y darle placer.

2. Jojmá: Deseo de placer resultante de la Luz.

3. Biná:. El placer no de la Luz sino de su devolución al Creador.

4. Zeir Anpin (Z"A): Recepción de alguna porción de Or Jojmá necesaria para la vida normal.

5. Maljut: Sintiendo la importancia de Or Jojmá, Z"A desea recibir esta Luz y así se convierte en Maljut, siendo Maljut el único y verdadero Kli (la criatura), porque desea para sí mismo recibir el placer entero del Creador. Las formas anteriores no son Kli verdadero, sino solamente las etapas de su desarrollo. La voluntad del Creador es crear el Kli al que le gustaría disfrutar de Su Luz. Maljut lleno de la Luz se llama Olam Ein Sof (el mundo sin fin). El movimiento es el deseo dado al nacer a las criaturas (Kli) próximas. El tiempo es una cadena desde la causa (el deseo primario) al efecto (el deseo secundario). Olam Ein Sof significa una vasija llena de placer sin ningún límite, es decir, el deseo insatisfecho. Esto es la condición de Kli-Maljut. Por lo tanto, desde el punto de vista del Creador, Maljut es la terminación del programa de Creación.

El objetivo de la Creación es crear una cosa nueva: la criatura y llenarla con un placer inmenso y absoluto. De esta forma, el Creador ha dado a la criatura un gran deseo de recibir el placer.

"El deseo de recibir", Ratzon Lekabel (R"K) puede ser imaginado como un vasija (Kli) que tiene una capacidad proporcional a la capacidad del deseo y al placer recibido, a la cantidad de Luz que llena la vasija. La Luz que viene del Creador había existido desde antes de la Creación. Esta Luz es una naturaleza integral del Creador. En cuanto al deseo de recibir el placer, el Creador mismo no tiene, sino que lo da a las criaturas. Todos los mundos no son nada más que diferentes formas de demostrar el deseo de recibir y disfrutar de la Luz del Creador.

Siendo todos nosotros partes de Kli-Maljut, deseamos recibir alimento, calor y otros placeres, así como pequeñas porciones de Luz en nuestro mundo. Somos perfectos desde el punto de vista del Creador, pero debemos ir a través de un camino largo de mejora para sentir los mundos espirituales.

Cada criatura tiene el único deseo de disfrutar. Así, dando un programa al hombre, cambiando cosas necesarias durante su vida, el Creador evoca ciertas acciones; pero, le parece al hombre como si actuara por sí mismo, bajo su voluntad y opción. Cuando el hombre comprende la dependencia de su comportamiento sobre los deseos de su cuerpo y comienza a luchar contra su cuerpo, puede liberarse de los deseos del cuerpo y pasar al mundo espiritual, para vivir conforme a las cosas necesarias de su alma. El placer es el resultado de llenar el Kli con la Luz. Es sólo una pequeña chispa de Luz espiritual en nuestro mundo. Esta chispa, llamada ner dakik, puede ser encontrada en cosas diferentes y es por eso que estas cosas nos atraen a los placeres ocultos allí.

La posibilidad de placer o de liberación de sufrimiento, es el único motivo poderoso para todos nuestros pensamientos y emociones. No podemos pensar o actuar de manera diferente debido a nuestra naturaleza egoísta. En cuanto a los mundos espirituales, consisten en kelim (el plural de Kli) altruistas capaces de actuar a pesar de su naturaleza. Si un hombre comprende su propio egoísmo como un mal que no le trae nada más que sufrimiento, él puede pedir al Creador cambiar su naturaleza, por ejemplo, para darle poder de ser en realidad libre.

Todos los deseos de las criaturas, son de hecho uno: el deseo de la Luz. El Creador nos gobierna gobernando nuestros deseos. Comprendiendo la carencia de algo, el Creador nos obliga a actuar y a esforzarnos por las cosas de las que carecemos en nuestra vida. Se dice que "el amor y el hambre gobiernan el mundo”. Esto significa que todas las acciones humanas están determinadas. Si el Creador no diera a la madre el placer de la lactancia, los bebés pasarían hambre. Nadie debería moverse de su lugar, si no para buscar mejores condiciones. La evolución, el progreso, la búsqueda espiritual, todo esto refleja nuestra inclinación a encontrar la satisfacción de nuestros deseos.

En cuanto a los deseos mismos, nos son dados por el Creador sobre el programa de nuestro desarrollo que tiene su objetivo en abandonarnos al placer absoluto. La Cabalá es necesaria para la humanidad, porque está relacionada con el objetivo y el plan de la Creación, con la recompensa humana para el rescate del egoísmo. Dos poderes de desarrollo humano obligan al hombre a buscar ese objetivo: el sufrimiento del momento y el placer esperado en el futuro. Estas dos fuerzas se parecen a dos locomoTorás que tiran de un tren sobrecargado: la primera delante del tren, y la segunda, detrás de él.

Sobre la voluntad del Creador, la humanidad finalmente llegará a la condición de la mejoría absoluta, esto significa que se desarrollará desde el egoísmo al altruismo. Y la Cabalá ayuda a cada uno de nosotros a encontrar nuestro propio camino para esta condición.

La necesidad de aprender Cabalá


Pero si usted escuchara con el corazón a una famosa interrogante, estoy seguro de que todas sus dudas acerca de si debería estudiar la Cabalá se desvanecerían sin dejar rastro. Esta es una pregunta amarga y justa que se hacen todos los que nacen en la Tierra: "Cuál es el significado de mi vida?" (Rabino Yehuda Ashlag, "Introducción al Talmud Eser Sefirot”, Secciones 2, 12-17, 44-57).

Generaciones siguen a generaciones en nuestro planeta, y cada generación y cada individuo se ha hecho la misma pregunta acerca del significado de la vida, especialmente en tiempos de guerra, de sufrimiento global o de rachas de mala suerte que cada uno de nosotros está propenso a experimentar. ¿Cuál es el propósito de nuestra vida, si las mínimas alegrías nos son tan valiosas, que la ausencia del sufrimiento nos parece como si hubiéramos alcanzado la felicidad?

Si estamos a merced de la naturaleza, si somos lo que somos ¿por qué entonces fuimos creados por ella y tenemos que vivir con las cualidades que tenemos como seres semi-inteligentes, inteligentes sólo en el sentido de que nos percatamos del hecho de que nuestras acciones están determinadas por las características y rasgos propios con que fuimos creados y que no se puede hacer nada al respecto. En ese caso, no hay distinción con respecto adonde la naturaleza no-inteligente y salvaje nos pueda conducir, provocando que batallemos unos con otros permanentemente, haciendo que naciones enteras, como animales salvajes guiados por el instinto, se enfrenten entre ellas en una pelea viciosa. No obstante, de forma subconsciente, no podemos conciliar la idea de vernos como seres inteligentes con este concepto.

Sin embargo, si la fuerza divina que nos ha creado existe, ¿por qué entonces no la percibimos, por qué se oculta a sí misma de nosotros?, ¿por qué si supiéramos lo que se espera de nosotros, no cometeríamos en nuestras vidas los errores por los que somos castigados a través del sufrimiento?

Sabemos cuanto tormento y dolor, que resultan ser peor que la muerte, ha sufrido la humanidad desde la creación del mundo. ¿Y quién es la fuente de todo ese sufrimiento?, ¿quién lo causa sino el Creador?

¡Y cuántos ha habido en toda la historia de la humanidad que han estado dispuestos a sufrir cualquier dolor para comprender la sabiduría superior y lograr la elevación espiritual, quienes por sí mismos se sometieron voluntariamente a insoportables angustias y agobios a fin de encontrar al menos una migaja de percepción espiritual y de comprensión de las fuerzas superiores, de llegar a ser uno con el Creador y de poder ser Sus esclavos!

Sin embargo, todos ellos vivieron sus vidas sin obtener una respuesta alguna vez, sin lograr alguna cosa, ellos dejaron este mundo sin nada, tal como habían venido a él.

Por lo tanto, ¿por qué el Creador ignoró sus plegarias?, ¿por qué se apartó de ellos?, ¿por qué vió con desdeño sus sufrimientos?

¡Y ellos sintieron Su desdén!, subconscientemente sintieron que hay un propósito superior al universo y a todo lo que está ocurriendo, mencionado como la partícula del hombre que se une con el Creador. Y, aún inmersos en sus egocentrismos, mientras atravesaban una agonía insoportable, sintiendo el rechazo del Creador, repentinamente sintieron una abertura en sus corazones, los cuales habían estado hasta entonces cerrados a la verdad y sólo podían sentir sus propios dolores y deseos, una abertura debido a lo cual a ellos les fue posible sentir esa ansiada partícula de unidad penetrando en el corazón a través de sus quebrantadas barreras.

Y así todas sus cualidades fueron reemplazadas por otras opuestas a ellas y similares a las del Creador. Se percataron de que sólo en la profundidad de aquellos sufrimientos y de ninguna otra manera podían experimentar la unidad con el Creador, de tal manera que Él y la partícula de unidad con Él estén allí.

Y en el instante de experimentar esta sensación que se reveló a ellos por sí misma y sanó sus heridas, el Creador mismo los llenó con un gozo infinito, tan delicioso que no se podría imaginar algo más perfecto, de tal manera que sienten que ha valido la pena el sufrir toda esa agonía para el logro de esta perfección.

Y cada célula de sus cuerpos los convence de que cualquiera en nuestro mundo estaría dispuesto a pasar un tormento inimaginable con el fin de experimentar, al menos por una vez en la vida, algo así como la bienaventuranza de estar unido con el Creador.

Y la razón del silencio del Creador como respuesta a los ruegos del hombre se encuentra en el hecho que el hombre está más interesado en su propio progreso que en la glorificación del Creador en su interior, lo cual debería ser su único objetivo, ya que si esto fuera así, todas sus acciones se realizarían sin dolor. De lo contrario, llorará solo en el desierto y dejará este mundo tal como entró en el, sin haber percibido al Creador.

Porque la partícula de unidad, el propósito de la creación, fluye en el corazón de aquel que está dedicado a la gloria y al amor del Creador, quien está convencido desde el fondo de su corazón de que todo lo que ha hecho el Creador, ha sido hecho para él, en vez de quejarse en forma egoísta de la injusticia de la ley divina.

Lo espiritual no puede ser dividido en partes separadas, pero el hombre puede comprender una parte del todo y luego otra, hasta que lo comprenda en su totalidad. Por eso es que todo depende de la pureza de la aspiración y por lo que fluye la Luz espiritual desde el interior de la parte del corazón del hombre que ha sido purgada de todo egocentrismo.

Cuanto más fácil sería la vida si el Creador no se ocultara a sí mismo de nosotros, sino que fuera claramente perceptible o visible para todos. No tendríamos dudas en lo absoluto de Su existencia, podríamos observar los efectos de Su ley en nosotros mismos y en el mundo circundante, para realizar la causa y el propósito de nuestra creación, para ver las consecuencias de nuestras acciones y Su respuesta a ellas, para discutir todos nuestros problemas con Él, para solicitarle Su ayuda, para buscar Su protección o consejo, para quejarnos de nuestros problemas y pedir que Él nos explique el por qué nos los ocasiona, solicitarle Su orientación respecto al futuro, estar en contacto frecuente con el Creador y cambiar nosotros mismos de acuerdo con Su consejo, de la forma que Él quiere que seamos y que sea lo mejor para nosotros.

Podríamos estar en constante comunicación con el Creador desde el momento de nuestro nacimiento, de igual manera que un niño se percata de su madre desde el momento en que nace (y el Creador estaría tan cerca del hombre como la madre del niño, ya que el hombre Lo vería como la fuente de su nacimiento, su Padre, la causa de su existencia y de toda su vida futura), podríamos aprender a vivir de la manera correcta observando Sus respuestas a nuestras acciones y aún a nuestras intenciones.

No habría necesidad de escuelas ni de educadores. Todas las naciones coexistirían simple y maravillosamente unidas por la causa común obvia a todos: la unificación espiritual con el Creador abiertamente visible y perceptible.

Todo estaría guiado en sus acciones por las leyes espirituales que serían del conocimiento común, las leyes de los mundos espirituales llamados mandamientos que serían obedecidos por todo el mundo de manera natural, ya que cada quien vería que el desobedecerlos significaría hacerse daño a sí mismo, como al saltar dentro del fuego o de un precipicio.

Si nosotros pudiéramos ver claramente al Creador y el obrar de Su ley sobre nosotros, el mundo y el universo, no nos quejaríamos ni aún bajo los más difíciles afanes, ya que estaríamos concientes de los beneficios para nosotros. Por ejemplo, cualquiera daría gustosamente todo lo suyo a un extraño, sin pensar en sí mismo, porque estaría consciente de la ley divina, vería las consecuencias beneficiosas de sus actos desinteresados, sabría que todos estamos bajo la autoridad del bondadoso y eterno Creador.

Cuán natural sería esto, y cuán antinatural e imposible lo es bajo nuestras condiciones presentes de ocultamiento de la ley, el entregarnos completamente al Creador, el dar nuestros pensamientos y deseos a Él sin reserva, ser lo que Él quiere que seamos, no tener el menor cuidado por nosotros mismos, no pensar en nosotros; por así decir, dejar de estar pendiente de nuestras individualidades, transferir todos nuestros sentimientos propios a Él, tratar de acceder a Él, vivir de acuerdo a Sus propósitos y a Su voluntad.

Todo lo citado anteriormente deja claro que sólo hay una cosa de la que se carece en nuestro mundo, y esa es: ¡La percepción del Creador!

Esta es la razón por la cual este debería ser el único propósito del hombre en este mundo, el único objetivo en el que el hombre no debería escatimar esfuerzos para lograr, ya que sólo en la percepción del Creador yace su salvación, de las calamidades de esta vida y de una muerte espiritual.

Los métodos de búsqueda para la percepción del Creador se denominan Cabalá.

La percepción del Creador se denomina fe. Un error común en la interpretación de esta palabra consiste en pensar que la fe significa andar a tientas en la oscuridad, sin ver o percibir al Creador; es decir, tomando esta palabra en un sentido directamente opuesto a su verdadero significado. De acuerdo a la Cabalá, la Luz del Creador que se difunde en el hombre, la Luz del vínculo del hombre con el Creador, la sensación de unificación es llamada la Luz de la fe o solamente fe.

La fe, la Luz del Creador, da al hombre una sensación de estar vinculado con lo eterno, una comprensión del Creador, un sentido de plenitud, una comunicación explícita con el Creador, de absoluta seguridad, inmortalidad, grandeza y fuerza.

Todo lo antes mencionado pone en evidencia que la liberación de nuestra temporal existencia cargada de sufrimientos y de búsquedas agotadoras de placeres transitorios se basa solamente en alcanzar la fe; es decir, en percibir al Creador.

En cualquier caso, la única causa de nuestros infortunios, de la inutilidad y temporal naturaleza de nuestra vida es nuestro fracaso en percibir al Creador. La misma Torá nos dice: "¡Juzguen y vean por ustedes mismos cuán bueno es el Creador!"

La finalidad de este sitio es ayudar al lector a realizar sus primeros pasos en su manera de percibir al Creador. Quienes se den cuenta de la necesidad vital de percibir al Creador llegarán a la decisión de estudiar los trabajos originales de la Cabalá: el libro del Zohar con los comentarios Sulam, los trabajos de Ari y los trabajos de Ashlag.

Cómo entender la Cabalá


La versión de este sitio en estilo simple de los principios de la Cabalá está basada en la obra del prominente cabalista, rabino Ashlag (1885-1955). El rabino Yehuda Ashlag nació en Varsovia, viniendo a Israel en 1921. Escribió siete importantes libros sobre la Cabalá, incluyendo un comentario sobre la principal obra cabalistica, el "Zohar" y dos colecciones de tratados populares sobre el tema. Su hijo mayor, el rabino Baruj Shalom Ashlag (1906-1991) continuó su obra, y quien esto escribe, Rav Dr. Laitman tuvo la suerte de ser su discípulo.



El problema de la comprensión al estudiar la Cabalá deriva del hecho de que el ámbito de lo espiritual y nuestro mundo son imposibles de comparar. Por lo tanto, respecto a un tema que estudiemos, aún si lo entendemos, será sólo de manera temporal porque comprendemos con la porción espiritual de nuestro intelecto que es constantemente renovada desde Arriba. Debido a esto, aquello que previamente comprendimos, nos aparece de repente como algo que no está claro. Por ello, como resultado del nivel o situación espiritual, los textos les parecerán a veces con contenido y en otras ocasiones, sin ninguno.

No es necesario abandonar toda esperanza si hoy no comprenden lo que ayer les resultaba claro, está bien que les parezca que esto no tiene contenido ni lógica o incluso extraño, porque uno no estudia Cabalá para comprender y saber, sino para empezar a sentir y ver fuerzas espirituales, luces y niveles. Sólo una aprehensión espiritual personal les dará el conocimiento absoluto acerca de cómo está construida y organizada toda la Creación. Este sitio debería hacerles dar un primer paso hacia el logro de dicho estado.

Esto no está hecho para ser leído desde el principio hasta el final, sino que encuentres lo que te resulte más afín a tus sentimientos interiores y ahondar en ello. Trata de encontrar tus sentimientos.

Tu relación, positiva o negativa, con lo que el autor escribe no es importante; lo importante es que te sientas tocado. Y de ninguna manera está escrito para que lo recuerdes, ni debes verificar cuánto recuerdas, sino que, si no recuerdas, es inclusive mejor, porque lo que sentiste ya pasó y ahora estás listo para recibir nuevos sentimientos.

Este es el modo específico en que construyes nuevos sentidos en ti mismo/a. Si así lo haces, este sitio te servirá de guía en tu desarrollo espiritual personal.

Todos nuestros problemas en este mundo se originan por el hecho de que no sentimos la presencia del Creador. ¡Cuánto más fácil nos sería vivir si sintiéramos Su presencia, si pudiéramos sentir Su presencia por lo menos tan vívidamente como otras cosas que sentimos y que nos afectan! Entonces no tendríamos ninguna duda acerca de cuál es la fuente de todo lo que nos ocurre. Podríamos ver la fuente de todo lo que nos ocurre y las consecuencias de nuestros actos. A través del diálogo con el Creador, podríamos aclarar todos nuestros problemas, solicitar ayuda y recibir consejo. Así sería de la mejor manera, tanto para nosotros como para Él. Si pudiéramos vivir en claro contacto con el Creador, esto reemplazaría todas las experiencias de vida, educación, ciencia y conocimiento.

Si viéramos al Creador de un modo revelado, nos impediría cometer los pecados más serios y nos permitiría llevar a cabo los trabajos más difíciles, pues veríamos los resultados de nuestros esfuerzos. De todo esto, podemos afirmar que todo lo que nos falta es el reconocimiento del Creador.

Si esto es así, el problema y objetivo principal del ser humano es llegar a reconocer y sentir la presencia del Creador, y es allí donde debería colocar todos los esfuerzos de su vida. El método para lograr el sentimiento de la presencia del Creador durante la vida de una persona en este mundo se llama Cabalá.

La sensación de la presencia del Creador se llama "fe". El error más común al definir esta palabra consiste en pensar que la fe es una situación en la que una persona no experimenta con todos sus sentidos la presencia del Creador. En cambio, se considera que la palabra "fe" denota un estado en el que no se siente (experimenta) con los sentidos al Creador, sino que se da por sentada Su existencia.

Según la Cabalá, la Luz del Creador llenando los sentidos de una persona es llamada "fe".

De todo lo precedente, nos resulta claro que todas nuestras pruebas y tribulaciones y nuestros sentimientos de inutilidad provienen exactamente de la sensación de falta de presencia del Creador, e incluso la misma Torá dice al respecto: "Saborea y ve que Dios es bueno".

El objetivo de este sitio es ayudar al lector a alcanzar el sentimiento y el reconocimiento de la presencia del Creador.

jueves, 25 de junio de 2009

Rosh Hashaná


¿Por qué festejamos Rosh Hashaná? Si sabemos que nuestro tiempo fluye sin parar, entonces, ¿cómo se puede saber cuándo empieza el año? Y en general, ¿qué son Rosh (cabeza, primero) y Shaná (año) en la espiritualidad?

Cada uno de nosotros puede obtener la experiencia espiritual, y llegar a conseguir la felicidad, tranquilidad, calma, seguridad y entendimiento superior.

los cabalistas son personas como tú y yo, que viven como todos, pero además, investigan a la fuerza que maneja el mundo y disfrutan su sentido físico (real).

La sabiduría de la Cabalá describe lo que revela el hombre durante su desarrollo y su logro de las leyes de la existencia humana. Le ayuda al cabalista, que investiga la estructura de su deseo, y a través de eso, la estructura del mundo y del universo entero, a comprender cómo se crea el hombre y para qué existe.

Esta investigación se ha hecho miles de años por muchos cabalistas que han existido a través de las generaciones, desde los días de Abraham el Patriarca, hasta el día de hoy. La información que se ha acumulado fue transmitida de generación en generación por escrito y en forma oral. Las escrituras bíblicas como también el Talmud, el Zohar y los libros de los cabalistas que se han escrito en el transcurso de los años, describen las comprensiones que adquirieron los autores. Estas pueden ser obtenidas por cualquiera que estudie cómo investigar correctamente su estructura interna.

Los autores escribieron sus sabidurías en forma de leyes que se entregaron al pueblo de Israel para ser aplicadas en el mundo físico.

De esta forma, los grandes cabalistas les permitieron a aquellos que no llegaron a sus comprensiones, practicar esas leyes espirituales en el mundo físico.

Sin embargo, no hay que olvidarse que esas leyes describen lo que cualquier persona pudiera obtener si solamente investigase las leyes del mundo espiritual, a través de su interior. Esas leyes son eternas, así es que es posible estudiarlas y conectarse con ellas en cualquier generación. Por eso dicen los cabalistas que no se satisfaga el ser humano con la realización de las leyes físicas solamente. A aquellos que tienen el deseo de llegar a una realización personal, les sugieren investigar su esencia interna como ellos lo han hecho y llegar a obtener por voluntad libre, esas comprensiones y entendimientos tal cual nos cuentan.

Las fiestas y los días sagrados que festejamos cada año, indican los estados diferentes que encuentra el hombre, cada vez que hace un cambio espiritual. Shana (año) significa Shinun, repetición del mismo estado, cada vez más profundo.

Shana es también Shinui (Cambio). En el mundo espiritual, no existe el tiempo, existe solamente una serie de cambios que pasa el hombre. Cada cambio significa un paso adicional en su avance hacia el Gmar Tikkun. Este es el estado en el cual ya no tiene nada que cambiar en su esencia interna, el estado de la perfección eterna.

La Torá nos cuenta que el mundo se creó en seis días. Seis movimientos (pasos, mudanzas) de cambios entre la Luz y la oscuridad.

Al día sexto se creó el Adam HaRishon (El Primer Hombre), y justo antes de Shabbat, cometió el pecado y fue echado del Paraíso.

El Adam HaRishon significa un estado de perfección, unificación perfecta de todas las almas. Por el hecho que pecó, se separaron las almas a 600,000 pedazos diferentes y la conexión entre ellos se cortó.

Nuestro deber espiritual, es volver a unir las partes del Adam HaRishon a un alma única.

En Rosh Hashana, festejamos el día de nacimiento del Adam HaRishon. Y así recordaramos que es necesario empezar a corregir nuestras almas hasta que vuelvan a su estado primario, la unidad.

El hombre que empieza la corrección encuentra durante los primeros diez días, diez escaleras espirituales, a través de las cuales va pasando para captar la extensión del contenedor (vasija) que debe corregir. Entonces pide fuerzas para corregir y siente que necesita arrepentimiento. Ese estado se llama Yom Hakipurim (Día de la Expiación).

Después, en Sucot, el entra a la Sucá, un sistema que lo proteje de los grandes grandes que se descubrieron en él, y al pasar una semana logra la Simjat Torá, ahí se llena de fuerza que le permite corregir todo lo que descubrió en ese escalón.

En resumen, desde Rosh Hashana hasta el Yom Hakipurim él descubre lo que tiene que corregir. En Yom Hakipurim, pide fuerzas que le ayuden a corregirse. En Sucot recibe esas fuerzas y pasa la corrección. Y en Simjat Torá termina con alegría el trabajo de unir las partes del Adam HaRishon.

Todo este proceso complicado, desde Rosh Hashaná y hasta Simjat Torá, lo realiza el cabalista de acuerdo a las luces especiales que le llegan durante las fiestas.

Las fiestas son estados especiales del despertar que recibe desde arriba para esas correcciones definidas.

Después, durante el resto del año el cabalista adquiere las fuerzas para realizar esas correcciones de manera independiente.

Por el hecho de que se trata de estados espirituales que no dependen de los días del año, el cabalista puede pasar un año entero en dos días físicos. El ritmo interno es el que define el largo del proceso.

Sin embargo, es importante tener en mente que el Rosh Hashaná físico, es solamente un recordatorio del estado espiritual que representa. Un cabalista puede estar en el Rosh Hashaná espiritual también durante cualquier día regular.

Cada cabalista experimenta cambios durante su vida en este mundo, hasta que llega al estado en que ha terminado de corregir todos los pedazos de Adam HaRishon, que existen dentro de él.

Pero aun así no termina su trabajo. Tiene que ayudar a seguirlo a todos los que todavía no han llegado a obtener su estado de perfección, quienes también deberán empezar su camino del mismo lugar donde él lo empezó, es decir, de Rosh Hashaná, volviendo a ese punto cada vez, al principio de cada nueva escalera espiritual.

Esperemos que juntos lleguemos al Rosh Hashaná verdadero.

Shavuot


¿Por qué es Shavout (Pentecostés) llamado Matan Torá (la entrega de la Torá)?, ¿fue la Torá entregada sólo una vez?, ¿qué es la Torá y quién quiere recibirla?

La sabiduría de la Cabalá nos enseña que todo aquí viene solamente de una fuente. Esa fuente es revelada a través de un simple atributo: benevolencia. Cualquiera que lo descubra a Él, es recompensado con una unión con lo eterno, perfección sin fin que contiene tranquilidad, seguridad y deleite seguro. Si tu pudieras verlo a Él ahora, olvidarías tus problemas en un momento, y te anularías a ti mismo ante el poder de su sobrecogedora bondad.

Surge la pregunta: ¿Por qué no se muestra ahora mismo? Si Él quiere otorgar, ¡Dejémosle que otorgue!

La verdad es que Él ya se ha revelado, sólo que nosotros no podemos verlo. Nuestra propia naturaleza nos impide verle. Ésta es opuesta a la Suya. Todo lo que Él quiere es dar y todo lo que nosotros queremos es recibir. En tal caso no podemos unirnos a Él. Para conectarnos con Él necesitamos adquirir Sus atributos. Si podemos hacer cualquier acto, aún el más pequeño, por el bien de alguien más, sin una ganancia personal, sentiremos un poco de lo que Él siente y seremos capaces de entender el motivo detrás de Su conducta hacia nosotros.

Él esta oculto porque solo si nosotros lo descubrimos por nosotros mismos, en libre voluntad, seremos capaces de recibir la recompensa que Él nos ofrece. Si Él se revelara a nosotros sin una previa preparación, nos anularíamos a nosotros mismos ante Él, incapaces de cualquier respuesta.

Pero en orden de descubrirlo necesitamos una naturaleza diferente a la nuestra. Debemos adquirir Su naturaleza, ser tan benevolentes como Él lo es. Tenemos que amarlo como Él nos ama, sin ganancia personal.

¿Qué puede hacernos cambiar nuestra naturaleza? Hemos visto muchos filósofos y líderes que han tratado de alterar la naturaleza del hombre con educación, censura, represión, etc. Apenas unos cuantos de ellos ha tenido éxito reprimiendo a la gente para que dejaran de buscar el cambio. Pero al minuto que la amenaza fue levantada, ellos retornaron a su naturaleza rebelde.

En repuesta a esa pregunta nuestros sabios han dicho: “He creado la mala voluntad, he creado la Torá como una especie.” La mala voluntad es la sustancia que probamos y que sentimos como intolerable. Es nuestro egoísmo. Queremos usarla, pero no sabemos cómo. La especie que lo suaviza y nos permite alcanzar el propósito de la creación, para unirnos con el Creador, es llamada Torá.

La inclinación maligna no es más que el pensamiento de nuestro propio bien. Ese es el motivo detrás del mal que existe. El pensamiento egoísta causa que nosotros veamos en cada uno que nos rodea un medio de recibir placer. Eso es por lo cual nos importa mucho la naturaleza, la vida salvaje y la gente a nuestro alrededor. Aún si esto es inconsciente, siempre buscamos cómo podemos disfrutarlo, sin una consideración de sus necesidades.

El que entienda esto y busque una forma de cambiar, puede usar la Torá justo para ese propósito.

La Torá es la fuerza única que puede alterar nuestra naturaleza y permitirnos sentir la voluntad del Creador, es su poder el que se debe descubrir, si realmente queremos cambiar alguna vez; sin ésta, no tenemos ninguna oportunidad de alcanzar nunca algún contacto con la fuerza que nos guía.

La Torá es la conexión que nos permite escapar de la autoridad, escapar del gobierno de nuestro egoísmo.

El que reúna esta fuerza, descubre que es dada de arriba sin limitaciones. Pero, ¿quién puede aceptarla? Sólo el que quiera cambiar y adquirir una nueva visión de la realidad es quién entiende que sin la Torá estará por siempre insatisfecho, ansioso y preocupado, solamente él la buscara y la utilizará para su corrección.

La Torá nos dice que Israel salió de Egipto y caminó en el desierto por cincuenta días antes de recibir la Torá. El éxodo es una revelación dada al hombre desde arriba, es un regalo que recibe, que le muestra el reinado del Creador sobre la realidad. Una vez que él ha visto cómo su faraón interno, sus inclinaciones malignas crecen dentro de él y cómo Moisés lo vence con la ayuda del Creador, un hombre busca una forma de alcanzar la voluntad del Creador por sí mismo. El busca una guía, instrucción clara que lo llevará a un completo reconocimiento de su Creador, busca la Torá (lo que en hebreo significa Instrucción).

A fin de alcanzar la Torá de forma independiente, hay necesidad de preparación gradual. Moisés es el representante de la gente ante el Creador. Es el poder interno, lo más puro que puede entrar en contacto con el Creador, pero esto no es suficiente. Tenemos que alcanzar un estado donde el pueblo entero, refiriéndonos a todos los deseos que aspiran a alcanzar al Creador (Israel), llegarán a tener contacto con Él y adquirirá Sus atributos.

Ese hombre tendrá que pasar a través de cuarenta y nueve correcciones especiales, una cada día, por siete semanas (Shavuot en hebreo). Sólo después de esas siete semanas es posible recibir la Torá. Eso es por lo que la celebración de recibir la Torá es llamada Shavuot.

Los atributos del alma que es corregida pueden ser marcados con los nombres de las Sefirot. Cada alma tiene diez Sefirot. Las primeras tres no necesitan ser corregidas, y por lo tanto, sólo hay siete que necesitan corregirse. Cada una de las siete contienen dentro de ellas otras siete, de tal forma que en total un hombre debe corregir cuarenta y nueve Sefirot, las cuales son atributos de su alma, cada corrección, contra cada una de las Sefirot internas.

El orden de las Sefirot que deben ser corregidas es: Chesed, Gvurah, Tiffret, Netzah, Hod, Yesod, Maljut. En el primer día de después de la noche de Pascua (Pesaj), Chesed dentro de Chesed es corregida. En el segundo día Gvurah dentro de Chesed, en el tercero Tiffret dentro de Chesed, y así sucesivamente.

Durante la segunda semana, las Sefirot dentro de Gvurah son corregidas y así sucesivamente, hasta que en el día 49, Maljut dentro de Maljut es corregida. El significado de la corrección es el darse cuenta de que nosotros sólo necesitamos la Torá, el poder curador, que nos liberará del egoísmo.

En el día cincuenta, después de que uno ha comprobado todos y cada uno de los rasgos, que todo lo que uno necesita es esta fuerza llamada Torá, sus atributos se unen por encima de sus pensamientos malignos (Hirhurim, de la palabra hebrea har: montaña) arriba de todos sus odios (Sinah, por consiguiente, la palabra “Sinai”) y pide una corrección completa para ellos. La corrección es llamada Torá.

los cabalistas tienen la costumbre de estudiar a través de la noche en Shavuot, para recibir la corrección completa.

La preparación del pueblo de Israel, los deseos que son dirigidos hacia el Creador, ocurre a través de los 49 días desde el tiempo de Pascua (Pesaj); es decir, las correcciones que un hombre cumple en sí mismo durante la cuenta del Omer y el estudio por la noche, han preparado para él el vaso correcto para la recepción de la Torá, el poder de la corrección.

No obstante, no debemos olvidar que la Torá, la fuerza que libera al hombre de todas sus desgracias puede ser recibida solamente si ésta es solicitada para cambiar para bien, “como un hombre con un corazón”. La Torá ya ha sido dada, pero nosotros podemos recibirla solamente si nos unimos con un objetivo común: descubrir al Creador.

Lag Ba'Omer


¿Qué es la cuenta del Omer?, ¿qué es lo especial del Lag Ba’Omer?, ¿cuál es la conexión entre el Lag Ba’Omer y el rabino Simón Bar Yojai? y ¿por qué el fuego de Lag Ba’Omer?

La sabiduría de la Cabalá dota al hombre de una herramienta única de investigación. Esta nos permite entender cada uno de los fenómenos y cada uno de los pensamientos. Está basada en el entendimiento de que la vida tiene un propósito, una meta. Durante el curso de nuestras vidas estamos dedicados a alcanzar esa meta y ser capaces de medir nuestro progreso a cada paso del camino. Los días de fiesta que celebramos marcan grados especiales que encuentra cualquiera que camina la senda para completar su desarrollo.

Esto nos lleva a hacernos una pregunta: ¿Cuál es el propósito del hombre en la vida?

El Creador creó las almas y las vistió con cuerpos. Dentro de cada uno de nosotros hay un alma que pertenece al Mundo Superior y aspira regresar al lugar del cual llegó. Esta debe regresar a su raíz en el período de un ciclo de vida para que el hombre pueda vivir simultáneamente en ambos mundos, el que conocemos y del que vinimos todos. Solo en este estado puede uno llenar los deseos propios de alegría, tranquilidad, confianza y completo entendimiento del mundo que nos rodea.

Cada uno vive muchas vidas, durante las cuales el alma experimenta el deseo de elevarse arriba de las dificultades y regresar a su raíz. Pero justo con ello siente la negación del cuerpo y las condiciones del medioambiente a su proceso de desarrollo. Esa objeción está ahí para desarrollar en el alma la habilidad de corregirse a sí misma y elevarse a su raíz al sobreponerse a los obstáculos.

La meta del hombre es alcanzar la raíz de su alma mientras aún está en este mundo, en su cuerpo de carne.

El camino desde este mundo hasta el fin, el punto de absoluta dicha, se divide en dos partes: durante la primera, nosotros enmendamos la parte alta, llamada la “Cabeza del Alma”. Durante la segunda, enmendamos la parte baja, llamada el “Cuerpo del Alma”.

Un alma se comprende de diez partes llamadas Sefirot. Sus nombres son: Keter, Jojmáh, Biná, Chesed, Gvurah, Tiferet, Netzah, Hod, Yesod y Maljut. Las primeras tres pertenecen a la cabeza del alma y fueron corregidas por los primeros cabalistas. Las siete remanentes Sefirot deben ser corregidas durante el curso de nuestras vidas, para que cuando su corrección sea completada, el hombre alcance su consumación.

Dentro de cada siete Sefirot del cuerpo hay siete Sefirot internas. Por ejemplo, Gvurah está dentro de Chesed, Tiffret dentro de Chesed, Maljut dentro de Chesed. Así, por todas hay 49 Sefirot que necesitan ser corregidas durante el curso de subir la escalera espiritual.

La Pascua judía simboliza el éxodo del hombre al mundo espiritual, donde descubre la estructura del alma. Entonces empieza su ascensión, peldaño tras peldaño, a través de la corrección de las Sefirot, hasta el día cincuenta, cuando celebra la fiesta llamada Shavuot (Pentecostés) Pentecostés, también llamado el festival de recepción de la Torá, testifica el fin de la corrección requerida por el hombre para que pueda recibir la Luz llamada Torá.

La cuenta del Omer, entre la Pascua y Pentecostés, incluye 49 días, de tal forma que cada día el hombre corrige un sfirá de su cuerpo. Si abrimos el libro de plegarias en el capítulo que describe la cuenta del Omer, encontraremos que cada día está dedicado a una sfirá en particular.

En el primer día nosotros enmendamos Chesed dentro de Chesed, en el segundo Gevurah dentro de Chesed, y así sucesivamente hasta que en el último día enmendamos Maljut dentro de Maljut.

Los primeros treinta y tres Sefirot de Chesed dentro Chesed hasta Yesod dentro de Yesod, son las Sefirot superiores del cuerpo en el plan de corrección. Ese es el programa que activa el proceso completo. Las remanentes dieciséis tienen que ver con el actual cumplimiento de los mandamientos. Eso es por lo que el que corrige las treinta y tres primeras Sefirot está garantizado que tenga éxito en la corrección del resto y la culminación del proceso. Después de treinta y tres días, el sabe con certeza que en el día cincuenta su alma será llenada con la Luz llamada la recepción de la Torá.

El número 33, cuando se presenta usando las letras en hebreo Lamed y Gimel, forma la comBináción Lag. Esto es por lo cual nosotros celebramos Lag Ba’Omer en el día treinta y tres de la cuenta, para celebrar la certeza que llegaremos a la meta en la Tierra y alcanzaremos la corrección completa de nuestra alma.

El rabino Shimon Bar Yojai (Rashbi), quién escribió el santo libro del Zohar, formuló un método único para la corrección del alma. Este es único porque Rashbi por sí mismo pasó por cada grado en el mundo espiritual y lo reformó para que cualquiera pudiera seguirlo.

Gracias a él nosotros también podemos ascender por esa vereda, siguiendo las órdenes escritas en el sagrado libro del Zohar.

El rabino Shimon Bar Yojai justifica éste mundo en el día treinta y tres de la cuenta del Omer, porque en ese día él completó el plan de corrección para todas las almas por venir. Todo lo que nosotros tenemos que hacer es seguir las instrucciones y así completar su plan.

El rabino Shimon Bar Yojai nos preparó la senda a la perfección y eternidad. Es por eso que celebramos en Lag Ba’Omer la culminación de su exaltada misión para todas las almas por venir.

El encendido del fuego simboliza la gran Luz que es prometida al que ha corregido su alma al grado de Lag Ba’Omer, por lo que es destinado a recibir en Pentecostés.

El que ha corregido su alma al grado de Lag Ba’Omer, tiene garantizado alcanzar la corrección completa de su alma. Por esa razón, celebra su estado con gratitud al Rashbi que allanó el camino para él y lo dotó a través del sagrado libro del Zohar, con el método para corregir su alma.

Pesaj (Pascua)


día festivo de Pascua encarna el éxodo del hombre de la sensación de nuestro mundo a la sensación del mundo espiritual. Durante nuestra vida, varios eventos no placenteros vienen hacia nosotros de alguna parte. Estos llegan de los mundos superiores y descienden sobre nosotros en nuestro mundo. Estamos tratando de reaccionar a ellos de alguna forma pero no sabemos exactamente cómo hacer esto porque no entendemos sus causas.

De manera muy importante, no vemos las consecuencias de nuestros pasos debido a que ellos también van al Mundo Superior. Somos como gatitos ciegos en medio de una cadena que no tiene idea dónde comienza y donde termina. Debido a esto, no podemos aprender de nuestras propias acciones sin ver resultados y por lo general, actuamos completamente sin sentido desde la perspectiva de la perfección de vida eterna.

A fin de sacar al hombre de esta condición hay una muy clara metodología científica, con un extensivo conjunto de instrumentos matemáticos y lógicos. Esto es llamado Cabalá y con su ayuda, un hombre puede empezar a sentir el Mundo Superior donde todos los eventos empiezan y después descienden sobre nosotros y los resultados de nuestras acciones regresan también. Una comprensión de este Mundo Superior es la única salvación para el hombre, la única cosa que no tenemos es la habilidad de ver el universo entero en su verdadera forma.

Tal condición del hombre en su verdadera realidad está escondida de él y es llamada el Exilio de Egipto de lo espiritual, en otras palabras, el Exilio de Egipto es una condición del hombre que sólo siente nuestro mundo. Todos nosotros estamos en exilio pero necesitamos una muy clara sensación de éste como tal.

¿Cómo se alcanza la sensación del mundo entero?, ¿cómo ver todas las acciones de principio a fin?, ¿cómo entender todo lo que está pasando, controlarlo, conectar todos los estados antes del nacimiento en este mundo con la vida entera en este mundo, vida después de morir? Esto es lo principal que la Cabalá enseña: cómo cerrar el ciclo entero de la eterna existencia del hombre, su propio “yo”. La Cabalá abre los ojos de uno mismo para poder ver el Mundo Superior y actuar con completa santidad.

El principio de la sensación del hombre de los mundos espirituales es llamado el Éxodo del Cautiverio de Egipto. El camino entero de un hombre es el camino para dominar el Mundo Superior. El camino para recibir un vaso espiritual consiste en siete atributos (Sefirot) y la corrección de éstos. Cada uno de esos atributos en su oportunidad consiste en siete sub-pasos.

Un hombre recibe todos esos 49 atributos sin corregir. El debe gradualmente corregirlos dentro de sí mismos y mientras corrige esos 49 atributos, está dominando el mundo espiritual paso a paso, empezando a sentir éstos más y más. El universo completo aparece ante él de acuerdo al grado de su corrección de los 49 atributos.

Un hombre empieza a sentir el mundo espiritual al comparar sus propios atributos con los de los mundos espirituales, él se comprende a sí mismo, sus pequeños deseos egoístas, su disposición a discusiones, peleas, robo, acciones de males menores, traición, búsqueda de injusticia. En contraste entre sus atributos y la comprensión de lo espiritual, un hombre empieza a odiar sus atributos. Precisamente este odio hace que pida al Creador que cambie esos atributos despreciables por virtudes espirituales.

La gente que ha experimentado muerte clínica y que ha estado ligeramente cerca de encontrar los sentimientos del mundo espiritual, se ha transformado en más amable, más transparente y más altruista al regresar a nuestro mundo. El aborrecimiento de un hombre por sus atributos personales hace que corte con ellos para que pueda utilizarlos para hacer buenas obras.

Cuando el hombre empieza a sentir al Creador, se eleva alto y más alto, viendo el universo cada vez en mayor volumen, viendo las causas y consecuencias localizadas en los mundos superiores. Aquellos que aún residen en nuestro mundo pueden corregirse a sí mismos espiritualmente si lo desean. El salir de nuestro mundo a la espiritualidad es algunas veces alcanzado a través de tres a cinco años de estudiar Cabalá.

Todas las acciones que un hombre cumple en el mundo espiritual para sus correcciones internas son llamadas Mandamientos (Mitzvot). Como por ejemplo, el mandamiento del sacrificio, el cual significa que un hombre sacrifica parte de su egoísmo natural, en orden de corregirlo y dentro de este deseo altruista corregido él recibe la Luz más alta, la sensación del Creador, lo cual es llamado la Torá.

El Purim interno


Purim, la fiesta de los opuestos: regocijo vs. pesar; ocultamiento vs. revelación; Mordejai vs. Amán; genocidio vs. redención.

¿Cuál es la historia real detrás de ésta fiesta?

¿Que fuerzas actúan en lo abierto? y ¿qué pasa detrás del escenario de esta interesante fiesta?

Un cabalista es una persona que busca dentro de sí en lo profundo las causas de los eventos en su vida. Es evidente para él que lo que sea que esté a punto de descubrir, ya está dentro de él, esperando. Todo lo que tiene que aprender es cómo estar en contacto con la fuerza que hace que las cosas pasen. Esa fuerza lo llevará y guiará a controlar los eventos futuros en su vida, su felicidad personal y la recompensa que fluirá a través de él a toda la humanidad.

En los ojos de la Cabalá, Megilat Ester nos habla de las fuerzas que se descubren en las partes más profundas del hombre. Fuerzas que hablan de lo que uno descubre de la relación de uno con el Creador, las fuerzas que guían los eventos de la vida de todos. Esas fuerzas llamadas Mordejai, Ester, Amán, etc.

La historia de Purim se desarrolla ante la construcción del segundo templo, justo antes de la inmigración a la tierra de Israel. Esta habla de la última batalla antes de la corrección final (Gmar Tikun). En esta etapa, el pueblo de Israel, que simboliza nuestras aspiraciones internas por la espiritualidad vive calmado y pacíficamente en el reino de Ajashverosh.

Mordejai, la fuerza interna dentro del judío, que no quiere nada más que aferrarse al Creador y adorarlo, vivía felizmente y el reino estaba en paz.

El pueblo de Israel representaba la mayoría de los deseos en línea directa (Isra=Yashar, directo) a ( Él=Dios) la escalera del mundo y aprender de Él las leyes del universo y cómo disfrutarlas.

En verdad, en el principio de la historia, la narrativa insinúa que algo anda mal: “Hay una nación que es esparcida entre las naciones”. Es esta nación, que se supone está unida contra todas las otras naciones que quieren solamente su propia gratificación, esta nación cuya fuerza viene solamente de su unidad, es dispersada. Esta es una señal segura que el hombre aún no ha cumplido su destino, por lo que sólo la gente de Israel puede llevar a la humanidad a su meta, la unión con el Creador.

El malo Aman, que representa lo egoísta en nosotros, el opuesto al judío, quiere explotar la situación para beneficio propio. Él eventualmente quiere derribar al rey de su trono.

Él cree que el hecho de que los judíos hayan sido dispersos testifica su debilidad, confusión y falta de fe. Por lo tanto, considera que la situación es una gran oportunidad para eliminar a los judíos de la faz de la tierra, porque ellos son la única fuerza que se interpone entre él y el poder sacar provecho del Creador.

Lo que Amán no logra comprender, no obstante, es que los judíos están dispersos por una razón. Esta se sostiene en el hecho de que la gente de Israel ha sido elevada ahora a un nivel más alto.

Este nivel más alto se refiere a un directo y abierto contacto con el Creador. Una unión tan abierta que nadie será capaz de negarla. Nosotros vemos la verdad de esto cuando al final de la historia, todas las gentes se reforman. El significado es que todos los deseos en el hombre, llamados Gentes, aceptan la fuerza principal que lleva a la confianza y felicidad, llamada Israel.

El judío en un hombre se encuentra limitado. Esa limitación puede sólo ser superada por el malvado Amán. Por eso es que nosotros debemos encontrar al Amán dentro de nosotros.

El principio de la historia nos dice cómo Mordejai, el judío, salvó al rey de los dos asesinos Bigtan y Teresh. Naturalmente, nosotros esperaríamos que el rey pagara a él por su obra, tal vez un aumento, o algún otro tipo de recompensa.

Pero las cosas no son tan simples, porque Mordejai es el Israel en hombre, él no quiere nada sino estar en contacto con su Creador. No quiere ganancia personal, por lo tanto, tú no le puedes dar ningún regalo, porque no lo aceptaría.

Así, para nuestra sorpresa, leemos que no es Mordejai quien es honrado, sino Amán quien de todos los candidatos obtiene los honores, cuando el rey lo nombra cabeza de todos los ministros. Amán obtiene dominación total del reino y a todos los esclavos del Rey se les ordena que hagan reverencia ante él. Esto significa que el egoísmo ha sido ahora elevado a su máxima proporción.

De toda la gente, sólo Mordejai se rehúsa a reverenciar a cualquiera con excepción del rey. La razón de eso es que siempre hay una voz en el hombre que le dice quién es el rey y a quién permanecer leal sea cual sea el costo. Él es el único que lo recuerda, aún cuando el pueblo entero de Shushan está desconcertado y confundido. Aún cuando su vida es amenazada, el leal israelita escoge la lealtad a su rey antes que cualquier otra cosa.

Es sólo a través de la magnificación del ego de Amán a la proporción que este creció, que la gente pudo darse cuenta de lo correcto que era el camino de Mordejai.

La diferencia entre el camino que toma Amán y el que toma Mordejai es el corazón alrededor del cual gira la historia.

Amán quiere sacar provecho del rey y usarlo para tomar el control del reino. Él piensa sólo en sí mismo y resume la fuerza más vil en el hombre, su deseo de gobernar el mundo a toda costa, aún a pesar de su propia destrucción.

La única meta de Mordejai, por otra parte, es descubrir la verdadera escalera del mundo y aprender de ella cómo conducirse a sí mismo. Por lo tanto, no puede ser sobornado en ninguna forma. Puede estar en el castillo del rey y cuidar la puerta mientras todos se inclinan ante Amán. No hay precio a su lealtad. Sabe que llegará el día cuando cada uno se dé cuenta de esto, pero también sabe que no puede imponer su mente en los otros.

Amán toma control del reino, precisamente con el propósito de incrementar sus deseos. El egoísmo es revelado de tal forma que el hombre se dará cuenta de las fuerzas destructivas que habitan dentro de él. Amán decide utilizar el poder que le ha sido dado a fin de realizar su plan de destruir a su enemigo primario: el Israel dentro de nosotros.

El cuidadosamente planea sus acciones, prepara el árbol y la cuerda, confiado de que en unos pocos momentos, la persona que se encuentra por completar sus sueños, será eliminada.

Entonces le preguntan a Amán: ¿Qué debe hacerse con el hombre que el rey quiere honrar? Estando seguro de que él es el hombre más querido, sugiere que fuera sentado en un caballo (la fuerza interna del hombre) y declarar públicamente: “Así es como el rey honra al hombre que el rey más quiere”.

En ese punto la gente de Israel se une. Su plegaria colectiva por el éxito de la misión de Ester, representando la fuerza de la fe, enmendando lo que al principio parecía ser una separación entre la gente. Esa corrección le permite a ella llegar al rey directamente, lo que es el gran milagro de Purim. Antes de eso nadie había podido llegar al rey en esa forma. Sólo la fuerza de la gente unida en plegaria por ayuda, le dió a ella la defensa necesaria para salir del escondite (Hebreo: Hester) y al tener una visión en la cara del rey, a ella se le revela el verdadero objetivo del rey: otorgar a todas las criaturas.

Entonces Amán (la fuerza egoísta del hombre) descubre el fraude, pero es muy tarde para él. Descubre que el propósito del trabajo del hombre es revelar la dominación y benevolencia del rey. Se da cuenta que él fue una herramienta en las manos del rey, cuyos verdaderos deseos fueron cultivar a Mordejai.

Pero en este punto no puede cambiar la sentencia a la que ha sido sujeto. Es debido al gran deseo de Amán de dirigir el reino que Mordejai tiene el honor y la publicidad que merece.

Así los deseos del hombre descubren el intento del rey de otorgar a sus criaturas y la correcta forma de alcanzarlo a Él, el camino de Israel interior.

Israel es el deseo del hombre de estar en perpetuo contacto con Él, quien semeja la realidad con el Rey.

Israel es el que recuerda todo tiempo quién gobierna nuestras vidas y utiliza cada oportunidad para fortificarse en la unión con Él.

Israel es el que nunca desespera cuando enfrenta graves dificultades a lo largo del camino, porque está seguro que éstas solo lo elevan hasta revelarse la benevolencia del Rey.

Israel es el que finalmente ve lo justo de su camino llegando a la Luz a través de la unificación de las fuerzas para el propósito de su vida.

Israel es el que cambia la ocultación a revelación y escribe con sus obras la historia de Ester.

¿Cuál es la raíz espiritual de Januká?, ¿por qué encendemos velas y quiénes fueron los Macabeos?

Hay una raíz en el mundo espiritual para todo lo que existe, una raíz que inicia y motiva nuestro comportamiento, nuestros pensamientos, nuestras emociones y los diferentes eventos que experimentamos. Todo lo que imaginemos posible.

El reino de la Cabalá describe la realidad, tal como es revelada a quienes han alcanzado el mundo del espíritu. Cualquiera que desee entender el curso de nuestras vidas puede alcanzar ese mundo. Este ofrece a los que llegan a sus puertas una oportunidad de controlar en forma consciente sus vidas, para alcanzar un placer supremo que nunca antes habían sentido.

Esos que se unen con este mundo lo sienten como una completa realidad, describiéndolo en nuestro lenguaje, justo como nosotros describimos nuestra propia realidad.

Si tú y tu amigo observan una flor, es muy probable que cada uno tenga una diferente impresión de ésta en la mente. Por ejemplo, puedes admirar su belleza y tu amigo su esencia. Pero ambos estarán de acuerdo, por ejemplo, en que se trata de una rosa roja.

De manera similar, cualquiera que se una con el mundo eterno, describe lo que ha visto en un lenguaje que sólo aquellos que han estado ahí comprenderán.

En el mundo del espíritu, no hay flores, hay anhelos y deseos que se abren por sí mismos en un orden predeterminado. Cualquiera que alcance ese mundo pasará por las mismas fases que sus predecesores.

El ciclo del desarrollo espiritual es llamado un “año” porque en cada una de las fases uno se encara con los mismos deseos a los que se ha enfrentado en las fases previas, pero en un nivel más profundo, ayudándolo a entenderse a sí mismo mucho mejor.

Así, un cabalista observando sus propios deseos vive a través de 6,000 años de crecimiento antes de que alcance su destino y triunfe al recibir todos los placeres que un humano puede sentir. Debido a que el asunto central es el desarrollo interno, el cual está separado de la realidad física en la cual vivimos, un cabalista puede vivir los 6,000 años (fases) en tan solo cinco o diez años de su vida.

En el curso de esos años encuentra situaciones recurrentes de revelación que lo ayudan a ascender al siguiente grado. los cabalistas llaman a esos grados “días festivos” y “sábados.”

Los días festivos y Shabat en nuestro mundo fueron determinados por los cabalistas para permitir a la gente que deseaba pero que no era cabalista, actuar en la carne de acuerdo con el mundo espiritual.

Es por eso que celebramos las fiestas cada año y el Shabat cada semana. Un cabalista puede, no obstante, celebrar la Pascua internamente aún cuando la fiesta esté meses lejos, porque no hay conexión entre nuestro estado espiritual y el tiempo físico en el que vivimos.

De todos los días festivos, Januká y Purim son considerados especiales. Hay un número de razones para eso. Primero, éstos no están escritos en la Torá. Segundo, se dice que cuando todas las correcciones sean hechas, todas las fiestas serán canceladas a excepción de esas dos. Tercero, las dos fiestas están conectadas con la reconstrucción del Templo.

Espiritualmente, el Templo significa el lugar donde el Creador y la criatura se unen. La destrucción del Templo es una ruptura de la unión entre ambos. Esa unión es la que los cabalistas están tratando de reconstruir.

Hay dos fases de reconexión. En la primera, el humano debe aprender cómo elevarse por arriba de la naturaleza egocéntrica y alcanzar una herramienta (llamada vaso de otorgamiento) con la cual se unirá al mundo espiritual. Esta es la fase de corrección.

Después de eso viene la fase de recepción, cuando el humano puede recibir tremendos placeres usando la herramienta adquirida de nuevo.

Un hombre sediento, que sostiene en su mano un vaso quebrado, debe primero reparar el vaso antes de poder llenarlo y tomar de él. El que se siente separado de la espiritualidad debe primero enmendar su unión con el Creador antes de que pueda recibir las cosas ofrecidas.

Januká marca y celebra el haber alcanzado los vasos de otorgamiento. Esta es una fiesta espiritual que pertenece a la primera mitad del trabajo: la corrección. Esto es por lo que uno puede dividir su nombre en dos: Janu (estático, descansado) Ka (como un símbolo del descanso), el descanso que el humano toma una vez que se ha corregido su vaso antes de empezar a llenarlo.

Las velas de Januká simbolizan la Luz de Misericordia que uno adquiere cuando ha alcanzado el mundo espiritual. La Luz se incrementa gradualmente durante el día de fiesta, por lo que se enciende una vela extra cada día.

Las festividades que celebramos mantienen una compleja relación entre varias situaciones en nuestra alma.

Israel se interpreta como la fuerza que nos lleva directamente al Creador. Isra viene de la palabra Yashar (directo), y Él es la palabra hebrea para Dios, por lo tanto, la palabra Israel significa “directamente a Dios”, la razón espiritual detrás de este mundo.

Los griegos son los deseos que se oponen al desarrollo espiritual del hombre. Ellos le dicen a él que es irracional ir más allá de las leyes de la naturaleza, para comulgar con el Mundo Superior. Ellos claman que no tiene racionalidad. El griego debilita la fuerza de Israel usando argumentos lógicos que se originan en la acumulación propia de experiencias en este mundo.

Los griegos no quieren exterminar a Israel, como lo hizo Haman, ellos simplemente querían eliminar que Israel alcanzara la vida. Querían poner estatuas hechas por el hombre en el Templo y hacer que Israel hiciera reverencia ante ellas. Ellos no lucharon por la denominación materialista, sino por la espiritual.

El Israel dentro del hombre debe reunir el esfuerzo del poder de la fe contra los argumentos griegos. Israel le dice a los griegos que eso es correcto desde el punto de vista lógico, pero Israel cree que es posible ir más allá de las barreras de la razón, al mundo de las causas. Mientras más fuertes se volvieron los griegos, más poderosa se volvió la fe de Israel. Esta guerra siguió y siguió hasta que apareciera un milagro que pudiera ganar Israel. El milagro ocurrió.

El milagro de Januká es que uno al final tiene éxito en la unión con lo que era largamente anhelado. Más allá, un bello y encantador mundo aparece mucho más maravilloso de lo que se pueda imaginar. Entonces se da uno cuenta lo real que ha sido el camino de Israel y por qué es bueno apegarse a éste.

La victoria sobre los griegos es el cimiento del camino de cualquier criatura en el reino espiritual. Este le permite a uno cumplir las correcciones que lo llevarán a la frontera final, que es el Purim, la lucha en la cual uno tiene éxito en alcanzar la eterna recompensa que el Creador ha preparado para todos.

Sucot (La Fiesta de los Tabernáculos)


¿Por qué nos sentamos en la Sucá (choza de los tabernáculos)?, ¿qué significan las cuatro variedades?, ¿cuál es la conexión entre Yom Kipur (Día de la Expiación) y Simjat Torá (regocijo de la Torá)?

El reino de la Cabalá describe la secuencia de situaciones que la criatura experimenta en la compleja relación entre él y el Creador. Esas situaciones evolucionan una después de la otra porque llevan a la criatura de un grado al siguiente justo igual que un proceso químico o físico que debe desarrollarse gradualmente, paso a paso.

La relación Creador-criatura es experimentada por el hombre de una manera muy tangible, no menos que la realidad en que vivimos. No se trata de fantasía o falsas ilusiones, sino del descubrimiento de un mundo hermoso donde los cambios que ocurren responden a estrictas y bien definidas leyes. Esas leyes son descubiertas por cualquiera que asciende la escalera espiritual. Éste sabe eso porque puede leer en los libros sagrados que sus predecesores llegaron exactamente a los mismos lugares que él ve ante sí justo ahora.

No hay nada nuevo bajo el sol. Cada uno de nosotros es diferente y único, pero todos cumplimos con las mismas reglas, y avanzamos de la oscuridad y confusión a la claridad y visión a través de los mismos grados. Esos grados son descritos por los grandes cabalistas en los libros sagrados y es por ellos que éstos fijan la secuencia de los días festivos de nuestro mundo.

Nosotros debemos señalar que los nombres de todos los días de fiesta que serán mencionados en este artículo describen situaciones internas que una persona experimenta en el proceso de corrección, y que los días festivos que nosotros celebramos simplemente marcan la secuencia de correcciones. Esto también significa que un cabalista puede experimentar los días festivos en un día normal.

Recordemos por un minuto el orden de los días festivos: El Año Nuevo Judío inicia los días festivos de Israel. Después de diez días llegamos a Yom Kipur (Día de Expiación) y después celebramos Sucot por siete días. Finalmente llegamos a Simchat Torá.

Si te preguntas a tí mismo cuál es el significado de esos días festivos, la Cabalá explica que estos describen la secuencia de revelación y corrección de un grado completo.

Al principio de la revelación espiritual la criatura siente que el Creador le da felicidad perfecta, pero él es incapaz de darle algo a cambio. Más que nada, la criatura quiere sobreponerse a la vergüenza que siente hacia el Creador y llevarle a Él algún tipo de placer.

Esto es como una persona que sufre una enfermedad. Primero debe descubrir que tan mal se encuentra y que no puede curarse a sí mismo a menos que se dirija a un médico. Una vez que él ha hecho eso, se le da una medicina y empieza su curación hasta que alcanza la salud y felicidad. Sólo entonces puede apreciar la grandeza y la gentileza del médico.

En el año Nuevo Judío, la criatura empieza a entender su situación en oposición al Creador. Sobre el curso de los siguientes diez días hasta el Día de la Expiación él se da cuenta más y más de lo incapaz que es para igualarse con Su grado y llevarle deleite a Él (lo que es su enfermedad.)

El proceso dura diez días porque cada vaso espiritual es revelado en diez grados llamados Sefirot.

En el Día de la Expiación (el décimo día de las pesquisas), cuando es claro para la criatura que no tiene ningún poder de otorgar hacia el Creador, puede orar, ayunar y pedir desde el fondo de su corazón ser dotado con la vida. El significado de la vida espiritual es la habilidad de parecerse al Creador y deleitarlo, pero para recibir esa vida él necesita ser corregido.

En éste punto la criatura empieza a recibir las que son llamadas “Luces Circundantes”. Esas luces lo habilitan a él a corregir en forma gradual su vaso y adquirir la habilidad de otorgar. Durante los cuatro días entre el Día de Expiación y Sucot, la criatura tiene la oportunidad de iniciar su corrección.

La construcción de la Sucá es una etapa crucial en la corrección porque ésta simboliza la fe de uno. Su techo nos defiende del calor del sol, pero está hecho de desechos de hojas y ramas que no tienen otro uso para el hombre. El significado es precisamente que esos deseos que el hombre ha decidido son superfluos y sin uso, ahora forman su escudo de la intensidad del placer que llega a él. Al desechar esos deseos él se defiende a sí mismo de la excesiva ambición de autoindulgencia.

Después de que ha descubierto su incapacidad de otorgar, recibe la fuerza para protegerse a sí mismo de sus deseos egoístas. El peligro es, que si es esclavizado por esos deseos, olvidará quién se los da y tomará el placer para sí mismo. La defensa que él obtiene le otorga la fuerza para creer en el Creador y ver Su grandeza, a pesar de los placeres tentadores que encara. Por esa razón tratamos de estar lo más posible dentro de la Sucá durante el Día Festivo e incluso dormir dentro de ésta.

El hecho de que construya y decore la Sucá por sí mismo le da la confianza de que también se puede proteger a sí mismo de sus deseos excesivos. Esa defensa es la Luz de la fe que lo llena con una bendición sin fin.

Pero esa defensa no es suficiente para llevar satisfacción a Quien lo creó. Nosotros no debemos olvidar que el Creador lo ama y quiere dotarlo con placer y no evitárselo. Por lo tanto, necesita aprender a cómo recibir placer, a fin de satisfacer al Creador. Ahora él necesita un medio por el cual pueda recibir el placer. Ese medio es la corrección que hace entre el citrón, la rama de palma, el mirto y el sauce.

Las cuatro variedades marcan los cuatro grados de la voluntad que uno descubre en el curso de su trabajo espiritual. Algunas veces él se encuentra con un buen sabor y una buena esencia, a la que llama citrón; algunas veces éste tiene sabor pero no tiene esencia, así es que lo llama rama de palma; algunas veces es fragante pero sin sabor por lo que es llamado mirto, y cuando éste no tiene sabor y no tiene esencia lo llama sauce.

La habilidad de unir todos los tipos de trabajo en una dirección a fin de deleitar al Creador, da a la criatura la capacidad de recibir genuino deleite bajo cualquier condición y bajo cualquier circunstancia, porque bajo cualquier situación él recuerda para qué y para quién trabaja. Es manifiesto en Sucot circundar el altar moviendo la rama de palma.

Los siete días de Sucot marcan la corrección de sus siete sefirot más bajos, los cuales deben de estar unificados y conectados, hasta que en el octavo día las correcciones sean terminadas. Es por esto que a ese día se le llama Shmini Atzeret (el alto en el octavo).

En ese día, después de que ha completado las correcciones, la criatura va a unirse con Su Creador y recibir de Él el verdadero placer llamado Torá. La Torá es un medio que da a la criatura la habilidad de llevar deleite sin fin a quien lo creó justo como su Creador lo deleita a él, y finalmente, unirse con Él en un amor eterno.